El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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La impronta Divina

El sello de Dios“Dice el necio en su corazón. No hay Dios” (Salmo 14:1) Es una aseveración que sólo puede salir de una decisión tomada con el corazón, que es el centro de la toma de decisiones, es la voluntad expresa de negar su existencia. Todo ser humano tiene la impronta de Dios dentro de sí que es la conciencia. Lo que sucede es que, a pesar de que el ser humano sabe que hay un Dios al que ha de rendir cuentas, porque Él mismo se lo revela a través de la conciencia, tratan de cauterizar ese sello dado por el Creador para seguir haciendo lo que le da la gana, es decir, su propia voluntad.  Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad. Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto; porque Dios se lo manifestó.”   (Romanos 1:18-19)

Mucha gente intentará evadir la responsabilidad diciendo que no tuvo acceso a la Ley del Antiguo testamento o al Evangelio del Nuevo Testamento de la Biblia, pero hay una “Ley moral” que es la conciencia, por lo cual no pueden justificarse ante Dios. “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.” (Romanos 2:15)

Además, el ser humano tiene la revelación de la naturaleza creada por Dios, que da testimonio claro de su existencia, poder y soberanía. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:20)

La decadencia del hombre comienza por no tener en cuenta a Dios, ni agradecerle, a pesar de que sabe que no se ha hecho a sí mismo, sino que hay un Dios que le creó y al que ha de dar cuentas.  “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” (Romanos 1 :21) Ese envanecimiento y soberbia; ese querer ser independientes de Dios, es el pecado en esencia pura. Su corazón, ¡de nuevo!, el centro de la toma de decisiones, entró en tinieblas por esta causa, y voluntariamente cambiaron la verdad de Dios (Cristo), por la mentira de su mente y empezaron a honrar a las cosas creadas y a sí mismos, antes que a Dios. El hecho de que se identifique con el mono en vez de con su Creador, demuestra la intención velada de evadir la responsabilidad. Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”.(Romanos 1:25)

Cuando se ha suprimido la conciencia, esa impronta Divina, esa alarma dada por Dios que nos avisa lo que está bien y lo que está mal, cuando se ha anulado tanto, el hombre se entrega por completo a sus apetitos carnales y a toda clase de males (enumerados en los versículos 29 al 31 del capítulo 1 de Romanos), pero no puede disculparse diciendo: “no se lo que hago”. Porque continúa diciendo: “Quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” (Romanos 1:32) La frase “habiendo entendido” es importante, porque quiere decir que el hombre sabe que está haciendo mal, y que por eso es digo de muerte, pero prefieren despreciar el diseño inteligente e identificarse con los animales.

Aún así Dios, en su misericordia envió a Cristo a morir por los pecadores, si se arrepienten y se vuelven a Dios. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.  Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:8-9)

Gloria


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¡Yo el primero!

imagesMi hijo de cuatro años es bastante competitivo y siempre repite: “Yo primero, a mí el primero, yo quiero ser el primero”, entonces le digo: Sí, a ver si eres el primero en obedecer, en ayudar, en ceder, en ordenar las cosas, en perdonar, en dar, etc.

Los niños muestran cuál es la naturaleza caída con la que venimos al mundo: soberbia y egoísmo, (pensar que merecemos algo, o algo más que los demás) y lo queremos todo para nosotros, en definitiva, ser el centro. Cuando crecemos, aprendemos a disimularlo, a parecer generosos y altruistas, ya no vamos diciendo por ahí: ¡quiero todo para mí, yo quiero ser el primero, lo merezco todo porque yo lo valgo! (aunque algunos no tienen vergüenza de decirlo abiertamente), pero la raíz del mal sigue en lo íntimo de nuestros corazones.

Jesús vino para mostrarnos al Padre, para que sepamos qué la agrada a Dios. Dice la Biblia:

“Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.” (Filipenses 2:5-8)

¡Qué diferente a la psicología imperante en este mundo!, vemos: no considerarse (aunque tenía de qué hacerlo, ya que era Dios), no aferrarse a su posición, renunciar a sus privilegios, ser humilde, esclavo, humillarse, ser obediente y morir por nosotros, sus enemigos. ¿Te das cuenta por qué dijo Jesús que Su reino no era de este mundo?

Alguien dijo: “Moisés pasó 40 años creyendo que era alguien, 40 años aprendiendo que no era nadie, y luego 40 años viendo lo que Dios puede hacer con alguien que sabe que no es nadie”

Entrega tu vida a Cristo y empieza a caminar por el único camino al Padre.

Gloria


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Orden vs. caos

Cuando estaba en la escuela de arte, (hice un año solamente porque la carrera de medicina me absorbía el resto del tiempo) recuerdo la lucha que mantenían mis compañeras, señoras mayores en su mayoría, con la profesora. El motivo del desacuerdo era que ellas dibujaban con todo esmero los árboles, las flores y paisajes esforzándose por hacerlo todo prolijo y ordenado. La idea de la profesora era la contraria, quería enseñarles las corrientes “modernas” de arte, el impresionismo, expresionismo y otras que implicaban dibujar cosas sin orden ni sentido alguno. Era frustrante ver cómo después de arduo trabajo, la profesora pasaba por los atriles frunciendo el ceño, torciendo la boca y desaprobando unas estupendas pinturas. Yo, que era la más joven, entendí la consigna y sin dudarlo me puse a hacer manchas sin ton sin son para el impresionismo y figuras humanas grotescas para el expresionismo, hasta me di el “lujo” de hacerle un retrato expresionista a la profesora. Para mí el cuadro era un esperpento, pero a ella le pareció muy “expresionista” y lo paseó oronda por todas las aulas….

 

En ese momento no me di cuenta, pero había algo que no encajaba en esas corrientes de arte moderno. No eran agradables para la vista, ni para el sentido común, eran desordenadas y caóticas. Hay un  motivo por el cual no nos sentimos cómodos ante el desorden: Es porque Dios, el creador de todos y de todo, lo hizo todo ordenado. Dios utilizó su Palabra para crear y ese orden del génesis persiste hasta hoy. Las estaciones se suceden, el día y la noche, los astros respetan sus órbitas y las leyes físicas se cumplen matemáticamente.

De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste. Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven.” (Salmos 119:90 y 91)

“Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.” (Génesis 8:22)

Dios no sólo creó todo de forma ordenada y lo mantiene así, sino que estableció un orden para todo: Para el matrimonio, para la familia, para la comunión con Él y con los demás discípulos a través de la Iglesia, los días de trabajo y de descanso, las autoridades, etc. Vemos a través de toda la Escritura el carácter ordenado de Dios.

El ser humano, en cambio, al rebelarse contra Dios por la soberbia de no someterse a Su autoridad, es un ser desordenado y caótico. Con el paso del tiempo, las instituciones de orden que Dios estableció , el hombre las ha ido tergiversando y degenerando. Podría poner muchos ejemplos en los que se ve la naturaleza caída y pecaminosa del hombre alterando el orden de Dios. Pero alguno de éstos son la homosexualidad, los matrimonios gays, la adopción de hijos por estas parejas, la rebeldía de hijos y violencia hacia sus padres, la no obediencia a la autoridad ni policial ni gubernamental, al alcoholismo, la glotonería, la pornografía y un largo etcétera.

Hoy en día lo que está de moda, es el desorden en todas las cosas. Desde algo superfluo como un corte de pelo, hasta algo fundamental y base de la sociedad civilizada como lo es la familia. Se nos dice que todo lo que vemos, la hermosura y perfección del diseño inteligente de Dios, vino del caos de una explosión. Lo más “progre” es saltarse las reglas y no respetar las normas. Estos son los frutos que se recogen del pecado. Volvemos a estar como al principio, en donde la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas lo cubrían todo (Génesis 1:2) Hoy la gente está vacía, perdida y en la oscuridad.

¿Por qué no volver al orden de Dios?. No podemos. La Biblia dice que todos somos pecadores y no podemos hacer absolutamente nada por nuestros medios para acercarnos a Dios. Nuestra única esperanza es la misma Palabra que lo creó todo, el Verbo de Dios, que se hizo carne y habitó entre nosotros: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14) Es Cristo, el único que puede llevarnos de nuevo al Padre. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6)

La Palabra creadora, el Verbo divino, Jesucristo, te puede devolver el orden, el propósito y la luz a tu vida. Sólo tienes que arrepentirte de tu soberbia y someterte a Él como Señor y Salvador de tu vida. Tienes la Palabra de Dios, la Biblia, llena de sabiduría para llenar ese vacío en tu alma que sólo Dios puede llenar.

Gloria


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¿Qué es hacerse como niños?

Niño“Y Jesús, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.” (Mateo 18:2-4)


Habiendo leído muchas veces estas palabras de Jesús, no entendía en su totalidad el significado. Muchas gente dice que los niños son “inocentes”, pero los que tenemos niños pequeños vemos que de inocentes no tienen nada. La malicia de pegar a otro, la mentira, o el egoísmo de decir que todo es “mío”, lo traen bien impreso desde el nacimiento. De hecho la Biblia subraya que “No hay bueno ni si quiera uno”.

El versículo dice: Cualquiera que se humille como este niño. ¿Por qué el Señor lo dijo así?, porque los niños dependen absolutamente para todo de los padres. Nada pueden hacer por sí mismos, han de preguntar todo, consultar todo y pedir permiso para todo… ¡Qué lección más útil para nosotros, los seres humanos que nos hemos independizado de Dios, pensando que “podemos solos”, o “que merecemos todo”. La soberbia es el pecado del hombre y la humillación es lo que Dios vino a enseñarnos en la persona de Cristo. “Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:8)

El que no se arrepienta de su pecado de soberbia por pensar: “Nadie maneja mi vida” o “no tengo que rendir cuentas a nadie”, y el que no se reconozca necesitado y dependiente de Dios en todo aspecto de su vida,  no podrá entrar en el reino de los cielos.

Si ya tienes a Dios como tu Padre celestial, has de vivir esa relación paterno-filial. Hay dos cualidades que caracterizan a  todos los niños: La dependencia y la confianza. Mis hijos cada día se levantan y se sientan a la mesa. Están seguros que seguidamente yo les pondré el desayuno enfrente, que luego se vestirán con la ropa que puntualmente tenemos preparada y que al volver del colegio cenarán. De hecho creo que ni lo piensan, simplemente confían y dependen de sus padres. Cuando se van a la cama piensan en lo que hicieron en el parque y ni se les asoma a la mente la pregunta de qué vestirán mañana o qué comerán.  Tampoco salen de casa preocupados por si tienen llave, o si llevan dinero. Son niños, dependen y esperan todo de sus padres, descansan en su provisión, protección y cuidado.

“Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?. Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?” (Mateo 6:25)

El final del capítulo seis de Mateo está lleno de frases de confianza del Señor a sus discípulos. ¡No os afanéis!¡Vuestro padre celestial sabe de qué cosas tenéis necesidad! y el versículo clave de todo discípulo de Cristo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33 

Y termina el Señor diciendo algo que a mis hijos no tengo que decírselo porque son niños… : “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”

Gloria