El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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El mejor Maestro

“Pero vosotros no dejéis que os llamen Rabí (maestro); porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos.” (Mateo 23:8)

Cuántas veces hemos  enseñado a nuestros hijos, o a otros niños, incluso a hermanos en la fe, y rogamos que el Señor nos dé las palabras adecuadas y el poder de Su Espíritu para hacer llegar ese precioso mensaje que queremos transmitir, que trae vida eterna y  bendición. La preparación en institutos bíblicos, seminarios teológicos o cursos de maestros de escuela dominical es adecuada, ya que el mensaje de salvación no está en contraposición con el estudio serio y responsable, pero es mucho más.

Tenemos el ejemplo supremo en el Maestro de los maestros: Jesucristo. Él enseñó a sus discípulos durante tres años y a pesar de tener la capacidad de hablar palabras sublimes, pues era Dios, lo hizo a traves de parábolas, ejemplos y otras figuras dialécticas, para ser mejor comprendido por sus seguidores. Tomó tiempo para explicar los misterios del Reino de Dios por grupos pequeños, también habló a las multitudes y de forma personal como a la mujer Samaritana.

Por sobre todas las cosas, habló la verdad porque Él era la Verdad. Habló duramente y con autoridad a los fanáticos religiosos y dulcemente a sus “hijitos”. Habló fraternalmente a la familia de Lázaro y con misericordia hacia la mujer sorprendida en adulterio a quien estaban a punto de lapidar.

En el domingo de resurrección, le vemos dar una lección magistral a dos discípulos que se dirigían a Emaús, tristes porque pensaban que Jesús era el Cristo y le habían crucificado. Jesús se les unió en el camino y les habló.

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.” (Lucas 24:27)

El Maestro desplegando su mejor pedagogía escogió Su Palabra. No les consoló con palabras humanas de ánimo sino que usó única y exclusivamente la palabra de Dios.  Aprendamos esto de ÉL cuando hablamos del evangelio, que la Biblia sea protagonista en nuestro discurso, porque Ella tiene poder de transformar vidas.

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:19-21)

Hablemos como Jesús con gracia, con verdad, con amor, con misericordia, honesta y directamente y sobre todo usando la Palabra de Dios. Porque la Palabra de Dios es Cristo mismo: ” En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (El Verbo es la Palabra) Juan 1:1

Gloria

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La gran delatora

Parece el título de una novela, pero se trata de un personaje que tenemos todos y que usamos a diario, más de lo que pensamos: “la lengua”.

¿Por qué le llamo delatora?, porque ella es la encargada de revelar lo que hay en nuestro interior. El Señor Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34) Cuando hablamos, expresamos nuestros pensamientos, tendencias, sentimientos, temores, etc. Y lo hacemos con un mayor o menor grado de conciencia, es decir que a veces no nos damos cuenta de todo lo que nuestra forma de hablar puede revelar. Al poco de hablar con alguien, ya nos formamos una idea general, si hablamos muchas veces con él, ya tendremos un panorama más completo, y si tenemos relación diaria, se puede decir que conocemos a esa persona. ¿No les ha pasado que nos formamos un concepto de una persona y de pronto , conversando, suelta una palabrota, o una expresión soez y nos decepciona?, ver gente elegante de apariencia inteligente y al abrir su boca sólo dicen tonterías, o que al descubrir una mentira ya no podemos confiar en esa persona, y así muchos ejemplos de cómo puede delatar la lengua el corazón humano.

Con razón expresa  el Proverbio: “Hasta el necio cuando calla, pasa por sabio” Porque tanto la cantidad como el contenido de nuestras palabras, nos retratan.

En la Biblia hay advertencias contra la vana palabrería: “El que cierra sus labios es entendido”, “El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre entendido”, “En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente.”En el libro de Proverbios es donde más referencias encontramos de la importancia de la lengua, a tal punto que dice: ” La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (proverbios 18:21)

Y siguiendo con el capítulo de Mateo  12 cuando el Señor hablaba con los fariseos, les dice: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” (Mateo 12:36-37) No se trata de que podamos hacer nada por nuestra salvación, y menos con meras palabras. Lo que quiere decir es que una persona regenerada, que se ha humillado delante de la Cruz de Cristo pidiendo misericordia por sus pecados, llena su mente y su corazón de la palabra de Dios y esto es lo que brota naturalmente por sus labios. Esto se traduce por un hablar prudente, veraz, contento y agradecido que es como un bálsamo para los que los oyen. Pero por el contrario, la persona que no tiene en cuenta a Dios en su vida, y se deja guiar por su propia opinión, por su corazón engañoso y sus apetitos (dinero, placer, renombre) va a manifestar un fruto de labios totalmente opuesto. Escucharemos de ellos quejas, contiendas, mentiras, insultos, blasfemias, falta de respeto, etc.

La mejor manera de conocer a un verdadero siervo de Cristo, será a través de sus palabras y porque siempre está reconociendo la mano de Dios en su vida, hablando de su Señor. “Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre.” (Hebreos 13:15)

Gloria

 


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Sabiduría en la Palabra de Dios

Sabiduría en la Palabra de DiosNo es lo mismo conocimiento que sabiduría. El conocimiento se puede adquirir estudiando o practicando alguna actividad. Pero la verdadera sabiduría sólo se puede recibir leyendo, meditando y obedeciendo a lo que dice la Palabra de Dios.

Hay mucha gente inteligente, y no muchos sabios. Se ha descubierto que existen varias clases de Inteligencia (emocional, lingüística, lógico-matemática, musical, etc.) pero no son más que formas de describir los dones o habilidades con que Dios dota a cada uno en particular. En cambio la sabiduría de Dios engloba a todas estas disciplinas dándoles un sentido, un propósito. Mucha gente con capacidades extraordinarias no saben que les ha sido dado por Dios y por lo tanto no lo agradecen. El pecado de soberbia les hace pensar que todo lo que tienen o logran, es por su propio mérito.

Jesucristo es la personificación de la sabiduría de Dios, Él es verdad y en Él se encuentran los misterios de la ciencia y la sabiduría.

“Porque mi boca proferirá la verdad,
abominación a mis labios es la impiedad.
Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
no hay en ellas nada torcido ni perverso.
Todas son sinceras para el que entiende,
y rectas para los que han hallado conocimiento.
Recibid mi instrucción y no la plata,
y conocimiento antes que el oro escogido;
porque mejor es la sabiduría que las joyas,
y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.

Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
y he hallado conocimiento y discreción.
El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
y la boca perversa, yo aborrezco. Mío es el consejo y la prudencia,
yo soy la inteligencia, el poder es mío.
Por mí reinan los reyes,
y los gobernantes decretan justicia.
Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
todos los que juzgan con justicia.
 Amo a los que me aman,
y los que me buscan con diligencia me hallarán.
 Conmigo están las riquezas y el honor,
la fortuna duradera y la justicia.
Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
Yo ando por el camino de la justicia,
por en medio de las sendas del derecho,
para otorgar heredad a los que me aman
y así llenar sus tesoros.”

Proverbios 8:7-21

Gloria


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La bendición que trae la obediencia a Dios

Matrimonio diseñado por DiosA lo largo de la historia, las personas y naciones que se han guiado por las normas de fe y conducta basadas en las Sagradas Escrituras, han sido bendecidas. Aunque no confesaran la fe Cristiana, si adoptaban y ponían en práctica las leyes de la  Biblia, les iba bien.

De hecho, una institución creada por Dios como el matrimonio, mientras se preservó, la familia y la sociedad impulsaron una estabilidad y un progreso notorio en todos los ámbitos (social, económico y científico). Pero desde que se desobedece punto por punto y norma por norma a lo establecido por Dios, la sociedad ha sufrido una caída en picado que no tiene visos de detenerse.

A raíz de la degeneración de lo establecido por Dios, con relaciones sexuales pre y extra matrimoniales, me encuentro en la consulta con un abanico tan grande de problemas, que van desde la joven de diecinueve años con enfermedades venéreas, a chicas de igual edad que ya han abortado, señores infieles que exigen todo tipo de estudios para saber si han contraído alguna enfermedad de transmisión sexual, etc. Todo esto por sí solo ya sería grave, pero trae una serie de problemas no menos accesorios. Los jóvenes, que deberían concentrar su atención y fuerzas en el estudio y trabajo, están con la cabeza ocupada en sus miedos y complicaciones, cuando no tomando fármacos ansiolíticos. Los adultos, en vez de ocuparse de sus familias, están distraídos y deprimidos, cosa que a veces “solucionan” con más hábitos nocivos como el alcohol y las drogas. Las visitas continuas a los médicos, las pruebas diagnósticas, la mentira que sazona siempre todas estas situaciones, se transforman en un infierno para la persona y para todos los que les rodean. Porque una chica que aborta queda marcada para el resto de sus días, y las infidelidades traen divorcios, separaciones y familias destrozadas.

Por poner un ejemplo, una compañera de trabajo, de unos sesenta años, me dijo una vez: “yo fui de las que se casó tonta”, por decir que se casó virgen. Y después de casi cuarenta años, sigue disfrutando de su matrimonio y de su familia. No es capaz de ver la bendición que tiene y le han hecho creer que lo establecido por Dios, es decir, las relaciones íntimas se dan sólo dentro del matrimonio, no es lo normal, e incluso utilizó el adjetivo calificativo para sí misma de “tonta”.

Todo sucede por no obedecer al mandato de Dios: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” (Hebreos 13:4)

Gracias al Señor Jesucristo, que en su misericordia vino al mundo y murió en la Cruz, para que todo aquél que reconozca su pecado y se arrepienta, sea libre de pecado y de toda carga, y aunque las consecuencias de su pecado seguirán existiendo, el Señor llevará su angustia sobre sus hombros y le devolverá la esperanza, para que viva una vida de obediencia a Él y a su Palabra.

Gloria