El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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¡Yo el primero!

imagesMi hijo de cuatro años es bastante competitivo y siempre repite: “Yo primero, a mí el primero, yo quiero ser el primero”, entonces le digo: Sí, a ver si eres el primero en obedecer, en ayudar, en ceder, en ordenar las cosas, en perdonar, en dar, etc.

Los niños muestran cuál es la naturaleza caída con la que venimos al mundo: soberbia y egoísmo, (pensar que merecemos algo, o algo más que los demás) y lo queremos todo para nosotros, en definitiva, ser el centro. Cuando crecemos, aprendemos a disimularlo, a parecer generosos y altruistas, ya no vamos diciendo por ahí: ¡quiero todo para mí, yo quiero ser el primero, lo merezco todo porque yo lo valgo! (aunque algunos no tienen vergüenza de decirlo abiertamente), pero la raíz del mal sigue en lo íntimo de nuestros corazones.

Jesús vino para mostrarnos al Padre, para que sepamos qué la agrada a Dios. Dice la Biblia:

“Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.” (Filipenses 2:5-8)

¡Qué diferente a la psicología imperante en este mundo!, vemos: no considerarse (aunque tenía de qué hacerlo, ya que era Dios), no aferrarse a su posición, renunciar a sus privilegios, ser humilde, esclavo, humillarse, ser obediente y morir por nosotros, sus enemigos. ¿Te das cuenta por qué dijo Jesús que Su reino no era de este mundo?

Alguien dijo: “Moisés pasó 40 años creyendo que era alguien, 40 años aprendiendo que no era nadie, y luego 40 años viendo lo que Dios puede hacer con alguien que sabe que no es nadie”

Entrega tu vida a Cristo y empieza a caminar por el único camino al Padre.

Gloria


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¿A dónde alumbra la linterna?

A dónde alumbra la linterna?

Cuando vamos de excursión nocturna, tan típica de los campamentos de niños, llevamos linternas y salimos a campo abierto. Pasada la excitación inicial de tan arriesgada aventura, los niños enseguida comprueban que no se ve ¡nada!, y a pesar que momentos antes estaban en el campamento jugando con sus linternas, ahora se concentran en enfocarlas a sus propios pies, para caminar en lo seguro y no caer.

Cuando en la Biblia dice: “Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino”(Salmos 119:105) es clara la referencia a que estamos en este mundo caminando como en un campo abierto de noche y no sabremos por dónde ir, a menos que usemos la “linterna” de la Palabra de Dios. La linterna apunta a los pies y no a los ojos, ya que nuestro peregrinar no es por vista, sino por fe.”Porque por fe andamos, no por vista.” (2 Corintios 5:7)

¿Nos damos cuenta de esto?, ¿o vamos tropezando y cayendo porque tenemos los ojos deslumbrados por las luces del “yo puedo”, de “me lo merezco”, de “no hago mal a nadie”, de “soy espiritual”? Estas luces centellean en los ojos, nos ciegan y nos impiden ver al Señor, que es el Camino y por eso no nos va bien.

Ya sabemos el Camino correcto que debemos andar: Cristo. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al padre sino por mí” (Juan 14.6). ¡Entonces no juguemos con la lámpara como los niños en el campamento!, ¡la luz de Palabra es para usarla! La lumbrera se enfoca a los pies, es para cada paso. No tenemos más referencia que la Palabra de Dios para andar en esta vida. ¡Los ojos no nos servirán de nada si delante de nuestros pies hay un precipicio!

Gloria


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El alma peregrina

peregrinos 3(1)La peregrinación viene a nuestra mente como un viaje idílico, con posadas acogedoras y rodeado de paisajes exhuberantes. Si consultamos al diccionario, se define como: Caminata con motivos religiosos, para dirigirse a un lugar o figura para este fin, o viaje con un sendero ya trazado como parte de una leyenda o costumbre. Tenemos en España, “el camino de Santiago”, que es recorrido cada año por personas procedentes de todas partes del mundo.

La peregrinación es una situación en la que se está de paso.  El viajero es extranjero en la tierra que pisa, ya que nadie se diría peregrino en su propia ciudad. Por definición, el peregrinaje ha de ser un camino con dificultades, son muy conocidas las descripciones de heridas, ampollas y otras lesiones sufridas en la travesía, por esto es que normalmente hay una fraternidad especial entre los peregrinos.

El itinerario tiene un punto de partida, y una muy ansiada llegada. El estado en el que llega el peregrino, es reflejo fiel de cómo supo enfrentar el camino recorrido. Nadie sale a peregrinar sin querer llegar a ninguna parte.

Pocos se ponen a pensar que en realidad todos estamos en este mundo peregrinando. Nacemos cuando Dios nos da la vida y emprendemos el recorrido nada fácil en este mundo. La añorada meta es volver a la casa del Padre. Pero solos jamás podremos volver, ya que dice la Biblia que todos estamos separados del Padre por nuestra maldad, pecado que heredamos de nuestros padres y que es imposible quitar por nuestros propios medios.

Dios nos ha dado el Camino por el cual transitar (Jesús les dijo: “Yo soy el camino.” Juan 14:6 a), pero la mayoría lo ignora. Empiezan a caminar sin ton ni son, a trastabillar, a tropezar y caer. Caer y caer. Golpes y más golpes. El pecado hace que no podamos ir por un camino recto.

Para llevarnos a casa, el Padre no sólo ha provisto el Camino, sino también el alimento para el camino: el “Pan del peregrino”: Cristo (“Yo soy el pan de la vida.”Juan 6:48) Y la bebida necesaria para la travesía, sin la cual nadie puede andar por ese Camino, (“Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.” Juan 4:14) Y no sólo el Camino, el Pan y el Agua de vida, sino también la Puerta por la cual entrar a la casa del Padre celestial. (“Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo.” Juan 10:9)

El Padre también ha provisto la “hoja de ruta”, una guía de viaje completísima, que tiene respuestas para cada situación del viajero. Esta guía es la Palabra de Dios, la Biblia. Al estar confeccionada por Dios, que nos hizo, es la mejor herramienta que disponemos para no perdernos ni desviarnos del Camino correcto. La propia Escritura se compara con la luz en la oscuridad. (“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Salmos 119:105)

Mucha gente vive su vida sin saber que se trata de una peregrinación.  No saben de dónde vienen y por lo tanto no saben a dónde van. Se aferran a los goces y entretenimientos del camino y piensan que eso es todo, que no han de llegar a ningún sitio. Pero cada ser humano estará al final de la peregrinación frente a Dios, que nos pedirá cuentas de qué hicimos con toda Su provisión. (“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Hebreos 9:27)

Es momento de que hagas un alto en tu caminar y reflexiones: ¿A dónde te diriges?,¿Sabes que el único Camino correcto y aceptado por Dios es el de su Hijo Jesucristo?, ¿Sabes que Él es el Hijo de Dios y que murió en una Cruz para pagar todos tu pecados y llevarte de regreso a casa?

Gloria


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Incapacidad total

INCAPACIDAD TOTAL

El Apóstol Pablo tenía una lucha que expresaba claramente: Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. !Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7: 19-24)

¿Por qué el hombre, a pesar de que sabe que el mal le arrastra al desastre, sigue haciendo mal a su prójimo y a sí mismo? La respuesta es: Porque es incapaz de hacer el bien, porque su naturaleza caída le empuja a ello. Como está escrito: “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:9b-12).

C.S. Lewis en su libro: “El problema del dolor” dice:

“El pecado ha sido calificado por San Agustín como fruto del orgullo: “Movimiento por el que la criatura, es decir, un ser totalmente dependiente, cuya existencia no proviene de sí mismo, sino de otro, intenta asentarse sobre sí mismo, existir por sí mismo.” Un pecado así no necesita complejas condiciones sociales, gran experiencia o un profundo desarrollo intelectual. Desde el momento que la criatura conoce a Dios como Dios y a sí mismo como “yo”, se le abre la terrible alternativa de elegir como centro a Dios o al “yo”. Este pecado es cometido diariamente tanto por niños y campesinos ignorantes como por personas refinadas; por los solitarios no menos por quienes viven en sociedad. En cada vida individual, en cada día de cada vida individual, la caída es el pecado fundamental tras el que se esconden todos los demás pecados. Usted y yo lo estamos cometiendo en este mismo momento, estamos a punto de cometerlo o arrepintiéndonos de haberlo cometido.”

Cuando uno reconoce la incapacidad total por nuestro medios de hacer o decir el bien, de agradar a un Dios Santo y Justo, es cuando expresamos como Pablo: ¡Miserable de mí!, sólo nos queda llorar amargamente por nuestra maldad que nos incapacita total y absolutamente. Una vez que reconocemos nuestra situación ante Dios, imploraremos el perdón con la cabeza gacha y la mano extendida como el mendigo, cuya hambre y necesidad de Justicia elimina todo orgullo y vanidad. Sólo en ese momento vendrá la consolación para nuestro lloro y la saciedad para nuestro hambre. La salida a nuestra incapacidad vino de parte de Dios, enviando a su Hijo: Jesucristo, para reconciliarnos de nuevo con Él. Dios dio el medio de salvación y nos da también la fe para creerla y recibirla, para que toda la gloria sea enteramente de Él.

“Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:1-10)

Mientras no reconozcas tu incapacitad total, seguirás viviendo una vida sin propósito, una vida para lo cual no fuiste creado ni diseñado. Recibe el Señorío de Cristo en tu vida y vuelve a la casa del Padre.

Gloria