El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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¿A dónde alumbra la linterna?

A dónde alumbra la linterna?

Cuando vamos de excursión nocturna, tan típica de los campamentos de niños, llevamos linternas y salimos a campo abierto. Pasada la excitación inicial de tan arriesgada aventura, los niños enseguida comprueban que no se ve ¡nada!, y a pesar que momentos antes estaban en el campamento jugando con sus linternas, ahora se concentran en enfocarlas a sus propios pies, para caminar en lo seguro y no caer.

Cuando en la Biblia dice: “Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino”(Salmos 119:105) es clara la referencia a que estamos en este mundo caminando como en un campo abierto de noche y no sabremos por dónde ir, a menos que usemos la “linterna” de la Palabra de Dios. La linterna apunta a los pies y no a los ojos, ya que nuestro peregrinar no es por vista, sino por fe.”Porque por fe andamos, no por vista.” (2 Corintios 5:7)

¿Nos damos cuenta de esto?, ¿o vamos tropezando y cayendo porque tenemos los ojos deslumbrados por las luces del “yo puedo”, de “me lo merezco”, de “no hago mal a nadie”, de “soy espiritual”? Estas luces centellean en los ojos, nos ciegan y nos impiden ver al Señor, que es el Camino y por eso no nos va bien.

Ya sabemos el Camino correcto que debemos andar: Cristo. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al padre sino por mí” (Juan 14.6). ¡Entonces no juguemos con la lámpara como los niños en el campamento!, ¡la luz de Palabra es para usarla! La lumbrera se enfoca a los pies, es para cada paso. No tenemos más referencia que la Palabra de Dios para andar en esta vida. ¡Los ojos no nos servirán de nada si delante de nuestros pies hay un precipicio!

Gloria


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El alma peregrina

peregrinos 3(1)La peregrinación viene a nuestra mente como un viaje idílico, con posadas acogedoras y rodeado de paisajes exhuberantes. Si consultamos al diccionario, se define como: Caminata con motivos religiosos, para dirigirse a un lugar o figura para este fin, o viaje con un sendero ya trazado como parte de una leyenda o costumbre. Tenemos en España, “el camino de Santiago”, que es recorrido cada año por personas procedentes de todas partes del mundo.

La peregrinación es una situación en la que se está de paso.  El viajero es extranjero en la tierra que pisa, ya que nadie se diría peregrino en su propia ciudad. Por definición, el peregrinaje ha de ser un camino con dificultades, son muy conocidas las descripciones de heridas, ampollas y otras lesiones sufridas en la travesía, por esto es que normalmente hay una fraternidad especial entre los peregrinos.

El itinerario tiene un punto de partida, y una muy ansiada llegada. El estado en el que llega el peregrino, es reflejo fiel de cómo supo enfrentar el camino recorrido. Nadie sale a peregrinar sin querer llegar a ninguna parte.

Pocos se ponen a pensar que en realidad todos estamos en este mundo peregrinando. Nacemos cuando Dios nos da la vida y emprendemos el recorrido nada fácil en este mundo. La añorada meta es volver a la casa del Padre. Pero solos jamás podremos volver, ya que dice la Biblia que todos estamos separados del Padre por nuestra maldad, pecado que heredamos de nuestros padres y que es imposible quitar por nuestros propios medios.

Dios nos ha dado el Camino por el cual transitar (Jesús les dijo: “Yo soy el camino.” Juan 14:6 a), pero la mayoría lo ignora. Empiezan a caminar sin ton ni son, a trastabillar, a tropezar y caer. Caer y caer. Golpes y más golpes. El pecado hace que no podamos ir por un camino recto.

Para llevarnos a casa, el Padre no sólo ha provisto el Camino, sino también el alimento para el camino: el “Pan del peregrino”: Cristo (“Yo soy el pan de la vida.”Juan 6:48) Y la bebida necesaria para la travesía, sin la cual nadie puede andar por ese Camino, (“Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.” Juan 4:14) Y no sólo el Camino, el Pan y el Agua de vida, sino también la Puerta por la cual entrar a la casa del Padre celestial. (“Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo.” Juan 10:9)

El Padre también ha provisto la “hoja de ruta”, una guía de viaje completísima, que tiene respuestas para cada situación del viajero. Esta guía es la Palabra de Dios, la Biblia. Al estar confeccionada por Dios, que nos hizo, es la mejor herramienta que disponemos para no perdernos ni desviarnos del Camino correcto. La propia Escritura se compara con la luz en la oscuridad. (“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Salmos 119:105)

Mucha gente vive su vida sin saber que se trata de una peregrinación.  No saben de dónde vienen y por lo tanto no saben a dónde van. Se aferran a los goces y entretenimientos del camino y piensan que eso es todo, que no han de llegar a ningún sitio. Pero cada ser humano estará al final de la peregrinación frente a Dios, que nos pedirá cuentas de qué hicimos con toda Su provisión. (“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Hebreos 9:27)

Es momento de que hagas un alto en tu caminar y reflexiones: ¿A dónde te diriges?,¿Sabes que el único Camino correcto y aceptado por Dios es el de su Hijo Jesucristo?, ¿Sabes que Él es el Hijo de Dios y que murió en una Cruz para pagar todos tu pecados y llevarte de regreso a casa?

Gloria


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En busca del silencio perdido

silencio_lago¿Te has fijado que hay un gran ausente en nuestros tiempos?: “el silencio”. El ruido lo inunda todo y pasamos rápidamente de una distracción a otra. Hace tiempo escribí un post que se llamaba: “El conectado desconectado” y en él explicaba la dependencia a los aparatos (móvil, televisión, Ipad, ordenador, walkman, etc.) de entretenimiento e información, que hacen que la gente no tenga ni si quiera un instante para pensar con tranquilidad. La situación ha ido a peor en pocos años.

Nuestros abuelos trabajaban durante el día, pero al caer la tarde cada uno se recluía en su casa donde tenía lugar la reunión familiar y en ella se daban las conversaciones trascendentales. Los padres pasaban tiempo con sus hijos y les transmitían sus vivencias, costumbres y creencias. Esos momentos de quietud y aprendizaje, forjaban el carácter de los futuros padres de familia. En cambio hoy, el ritmo vertiginoso está marcado por máquinas de todos los tamaños y para todas las edades.

En el principio de los tiempos, el hombre podía comunicarse libremente con su Hacedor y ese es el propósito de todo ser humano: tener comunión con Dios. Nos proveyó de oídos para escucharle, de un cuerpo para trabajar para Él y de un espíritu, ya que Dios es Espíritu. Toda esta relación ideal se rompió por la desobediencia del hombre, quedando interrumpida la comunión y el propósito del hombre totalmente desvirtuado. Cristo vino a reconciliarnos con el Padre, cargando en la cruz los pecados de los que se arrepienten y le entregan su vida a Él.  Ahora sólo nos hace falta un momento de silencio y quietud para conocerle, dice en el Salmo 46:10 “Estad quietos y conoced que Yo soy Dios”. Si observamos en la Biblia, muchos de los grandes hombres de Dios tenían momentos dedicados a la oración, lectura y meditación de su Palabra. El ejemplo máximo es Jesucristo, que pasaba largas horas de silencio y retiro aún lejos de sus más amados discípulos, para dedicarse a la comunión íntima con el Padre.

¿Cuándo fue la última vez que tuviste momentos de quietud para meditar a acerca del sentido de tu vida? ¿Te has parado a pensar a dónde irás cuando ya no estés en este mundo? ¿Sabías que el principal objetivo para el cual fueron diseñados tus oídos es para escuchar la voz de Dios, y que ésta está sólo reflejada en la Biblia?. ¿Cómo vas a tener la verdadera Vida, esa vida plena y satisfactoria para la cual Dios te creó, si no conoces a Jesús, quien dijo: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al padre sino por Mí”?. (Juan 14:6) Detente de tu trajín diario de ruido: noticias, bullicio de niños, propaganda política y bombardeo mediático. Apaga la “red” que te tiene cautivo y aún calla de tu mente el pensamiento de auto justificación y medita en este versículo:

“Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, Pues de Él viene mi esperanza.”

(Salmos 62:5)

Gloria Abad


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La náusea versus la esperanza

Náusea Vs EsperanzaToda mi vida he consumido humanismo: horas expuesta a la televisión, contenidos curriculares del colegio, universidad,conversaciones oídas, cine, prensa y un largo etcétera.  Toda la vida sin conocer y sin buscar el consejo de Dios, haciendo caso a la corriente que me empujaba a buscar “dentro de mí” la solución de los problemas.

“El mundo está lleno de ídolos para la impaciencia humana, que no quiere esperar en el Dios de la Biblia”  (Pastor Tony Ochoa)

Todo está contaminado con ese pensamiento anti Cristiano, pero veo un gran cambio a peor con respecto a cuando yo era pequeña. Antes, se mantenían ciertas normas basadas en el cristianismo: el matrimonio, la familia, respeto a las autoridades, orden, castigo al malhechor… Ahora todo esto está destruido. Está claro que el ser humano ha fracasado y al haber quitado a Dios de su vida, todo ha ido de mal en peor. Todos los grandes psicólogos y filósofos de este mundo, han acabado sus días deprimidos y algunos se han suicidado… simplemente porque no se puede vivir sin Dios. Somos seres creados por Dios, y sin Él nuestra vida carece de sentido. El problema es que el hombre se ha creído la mentira del diablo, que le ha dicho que puede ser su propio dios. Lo absurdo de la existencia humana sin propósito vital, queda reflejada en la novela filosófica “La Náusea” de Jean Paul Sartre.

¿Es esta putrefacción a todos los niveles un signo del fin de los tiempos?, seguramente, dice la Biblia que en el final de Los tiempos la maldad aumentará. Pero no es para que nos embargue un sentimiento de pesimismo y angustia, porque a pesar de que se nos bombardee con malas noticias, guerras, desastres, crisis, crueldad, etc, ¡hay una muy buena noticia! y es una persona: Jesucristo. Él dijo:

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10) “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”( Juan 14:6) Jesús es la clave de que tu vida sea una náusea o tenga esperanza.

Como yo, has vivido tu vida de espaldas a Dios, creyéndote las mentiras que el mundo y la sociedad te contaban (y querías creer), pero nadie puede llegar a Dios, ni retomar esa relación espiritual que le da sentido a tu vida, sin arrepentirse y ceder todos los derechos a Cristo. Él fue el único que murió en la cruz , resucitó y te puede llevar de vuelta a “casa” con el Padre. Aunque el cielo y la tierra que hoy vemos esté destinado a destruirse, las Palabras de Cristo no cambian :

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”(Mateo 24:35)

Gloria