El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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Mi lugar de refugio

“Refugio contra el vengador de la sangre”. Josué 20:3

 

Se dice que en la tierra de Canaán las ciudades de refugio estaban distribuidas de tal forma que cualquier persona podía llegar a algunas de ellas a lo sumo, en medio día . Así también la Palabra de nuestra salvación está cerca de nosotros. Jesús es un Salvador presente, y el camino que conduce a él es corto. Ese camino no es sólo una renuncia de nuestros méritos y la aceptación de Jesús para que sea nuestro todo en todo.

En cuanto a los caminos que conducían a la ciudad de refugio, se nos dice que eran rigurosamente preservados; todos los ríos tenían puentes; todo obstáculo era removido, de suerte que el hombre que huía pudiese hallar fácil camino a la ciudad. Una vez por año los ancianos recorrían los caminos y observaban su estado, de modo que nada pudiese impedir la huida de alguno y, por la demora, fuese eso causa de su captura y de su muerte. ¡Con cuánta bondad las promesas del Evangelio remueven del camino las piedras de tropiezo! Doquiera haya atajos y curvas hay letreros indicadores, con esta inscripción: “A la ciudad de refugio”.

Esto es una figura del camino a Jesucristo. Ese camino no es el camino con rodeos de la ley. No es el camino de: “obedece a esto o aquello o lo de más allá”; no, es un camino directo: “Cree y vive”. Es un camino tan tosco que el que confía en su justicia propia no lo puede transitar pero, por otra parte es tan fácil que cualquier pecador que se reconozca como tal, puede hallar en Él su camino al cielo. Dijo Jesús: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. (Juan 14:6)

No bien el hombre alcanzaba las afueras de la ciudad ya estaba seguro; no era necesario que cruzase las murallas, pues los suburbios mismos eran suficiente protección.

Aprende de esto esta verdad: que si tú te agarras de Él con “fe como un grano de mostaza”, serás sano. “Un poco de genuina gracia nos asegura la muerte de todos nuestros pecados”. No pierdas tiempo, no te demores en el camino porque el vengador de la sangre es ligero de pies; y puede ser que esté pisándote los talones en esta hora tranquila de la noche.

Fuente: LECTURAS VESPERTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

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¿A dónde alumbra la linterna?

A dónde alumbra la linterna?

Cuando vamos de excursión nocturna, tan típica de los campamentos de niños, llevamos linternas y salimos a campo abierto. Pasada la excitación inicial de tan arriesgada aventura, los niños enseguida comprueban que no se ve ¡nada!, y a pesar que momentos antes estaban en el campamento jugando con sus linternas, ahora se concentran en enfocarlas a sus propios pies, para caminar en lo seguro y no caer.

Cuando en la Biblia dice: “Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino”(Salmos 119:105) es clara la referencia a que estamos en este mundo caminando como en un campo abierto de noche y no sabremos por dónde ir, a menos que usemos la “linterna” de la Palabra de Dios. La linterna apunta a los pies y no a los ojos, ya que nuestro peregrinar no es por vista, sino por fe.”Porque por fe andamos, no por vista.” (2 Corintios 5:7)

¿Nos damos cuenta de esto?, ¿o vamos tropezando y cayendo porque tenemos los ojos deslumbrados por las luces del “yo puedo”, de “me lo merezco”, de “no hago mal a nadie”, de “soy espiritual”? Estas luces centellean en los ojos, nos ciegan y nos impiden ver al Señor, que es el Camino y por eso no nos va bien.

Ya sabemos el Camino correcto que debemos andar: Cristo. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al padre sino por mí” (Juan 14.6). ¡Entonces no juguemos con la lámpara como los niños en el campamento!, ¡la luz de Palabra es para usarla! La lumbrera se enfoca a los pies, es para cada paso. No tenemos más referencia que la Palabra de Dios para andar en esta vida. ¡Los ojos no nos servirán de nada si delante de nuestros pies hay un precipicio!

Gloria


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El alma peregrina

peregrinos 3(1)La peregrinación viene a nuestra mente como un viaje idílico, con posadas acogedoras y rodeado de paisajes exhuberantes. Si consultamos al diccionario, se define como: Caminata con motivos religiosos, para dirigirse a un lugar o figura para este fin, o viaje con un sendero ya trazado como parte de una leyenda o costumbre. Tenemos en España, “el camino de Santiago”, que es recorrido cada año por personas procedentes de todas partes del mundo.

La peregrinación es una situación en la que se está de paso.  El viajero es extranjero en la tierra que pisa, ya que nadie se diría peregrino en su propia ciudad. Por definición, el peregrinaje ha de ser un camino con dificultades, son muy conocidas las descripciones de heridas, ampollas y otras lesiones sufridas en la travesía, por esto es que normalmente hay una fraternidad especial entre los peregrinos.

El itinerario tiene un punto de partida, y una muy ansiada llegada. El estado en el que llega el peregrino, es reflejo fiel de cómo supo enfrentar el camino recorrido. Nadie sale a peregrinar sin querer llegar a ninguna parte.

Pocos se ponen a pensar que en realidad todos estamos en este mundo peregrinando. Nacemos cuando Dios nos da la vida y emprendemos el recorrido nada fácil en este mundo. La añorada meta es volver a la casa del Padre. Pero solos jamás podremos volver, ya que dice la Biblia que todos estamos separados del Padre por nuestra maldad, pecado que heredamos de nuestros padres y que es imposible quitar por nuestros propios medios.

Dios nos ha dado el Camino por el cual transitar (Jesús les dijo: “Yo soy el camino.” Juan 14:6 a), pero la mayoría lo ignora. Empiezan a caminar sin ton ni son, a trastabillar, a tropezar y caer. Caer y caer. Golpes y más golpes. El pecado hace que no podamos ir por un camino recto.

Para llevarnos a casa, el Padre no sólo ha provisto el Camino, sino también el alimento para el camino: el “Pan del peregrino”: Cristo (“Yo soy el pan de la vida.”Juan 6:48) Y la bebida necesaria para la travesía, sin la cual nadie puede andar por ese Camino, (“Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.” Juan 4:14) Y no sólo el Camino, el Pan y el Agua de vida, sino también la Puerta por la cual entrar a la casa del Padre celestial. (“Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo.” Juan 10:9)

El Padre también ha provisto la “hoja de ruta”, una guía de viaje completísima, que tiene respuestas para cada situación del viajero. Esta guía es la Palabra de Dios, la Biblia. Al estar confeccionada por Dios, que nos hizo, es la mejor herramienta que disponemos para no perdernos ni desviarnos del Camino correcto. La propia Escritura se compara con la luz en la oscuridad. (“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Salmos 119:105)

Mucha gente vive su vida sin saber que se trata de una peregrinación.  No saben de dónde vienen y por lo tanto no saben a dónde van. Se aferran a los goces y entretenimientos del camino y piensan que eso es todo, que no han de llegar a ningún sitio. Pero cada ser humano estará al final de la peregrinación frente a Dios, que nos pedirá cuentas de qué hicimos con toda Su provisión. (“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Hebreos 9:27)

Es momento de que hagas un alto en tu caminar y reflexiones: ¿A dónde te diriges?,¿Sabes que el único Camino correcto y aceptado por Dios es el de su Hijo Jesucristo?, ¿Sabes que Él es el Hijo de Dios y que murió en una Cruz para pagar todos tu pecados y llevarte de regreso a casa?

Gloria


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En busca del silencio perdido

silencio_lago¿Te has fijado que hay un gran ausente en nuestros tiempos?: “el silencio”. El ruido lo inunda todo y pasamos rápidamente de una distracción a otra. Hace tiempo escribí un post que se llamaba: “El conectado desconectado” y en él explicaba la dependencia a los aparatos (móvil, televisión, Ipad, ordenador, walkman, etc.) de entretenimiento e información, que hacen que la gente no tenga ni si quiera un instante para pensar con tranquilidad. La situación ha ido a peor en pocos años.

Nuestros abuelos trabajaban durante el día, pero al caer la tarde cada uno se recluía en su casa donde tenía lugar la reunión familiar y en ella se daban las conversaciones trascendentales. Los padres pasaban tiempo con sus hijos y les transmitían sus vivencias, costumbres y creencias. Esos momentos de quietud y aprendizaje, forjaban el carácter de los futuros padres de familia. En cambio hoy, el ritmo vertiginoso está marcado por máquinas de todos los tamaños y para todas las edades.

En el principio de los tiempos, el hombre podía comunicarse libremente con su Hacedor y ese es el propósito de todo ser humano: tener comunión con Dios. Nos proveyó de oídos para escucharle, de un cuerpo para trabajar para Él y de un espíritu, ya que Dios es Espíritu. Toda esta relación ideal se rompió por la desobediencia del hombre, quedando interrumpida la comunión y el propósito del hombre totalmente desvirtuado. Cristo vino a reconciliarnos con el Padre, cargando en la cruz los pecados de los que se arrepienten y le entregan su vida a Él.  Ahora sólo nos hace falta un momento de silencio y quietud para conocerle, dice en el Salmo 46:10 “Estad quietos y conoced que Yo soy Dios”. Si observamos en la Biblia, muchos de los grandes hombres de Dios tenían momentos dedicados a la oración, lectura y meditación de su Palabra. El ejemplo máximo es Jesucristo, que pasaba largas horas de silencio y retiro aún lejos de sus más amados discípulos, para dedicarse a la comunión íntima con el Padre.

¿Cuándo fue la última vez que tuviste momentos de quietud para meditar a acerca del sentido de tu vida? ¿Te has parado a pensar a dónde irás cuando ya no estés en este mundo? ¿Sabías que el principal objetivo para el cual fueron diseñados tus oídos es para escuchar la voz de Dios, y que ésta está sólo reflejada en la Biblia?. ¿Cómo vas a tener la verdadera Vida, esa vida plena y satisfactoria para la cual Dios te creó, si no conoces a Jesús, quien dijo: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al padre sino por Mí”?. (Juan 14:6) Detente de tu trajín diario de ruido: noticias, bullicio de niños, propaganda política y bombardeo mediático. Apaga la “red” que te tiene cautivo y aún calla de tu mente el pensamiento de auto justificación y medita en este versículo:

“Alma mía, espera en silencio solamente en Dios, Pues de Él viene mi esperanza.”

(Salmos 62:5)

Gloria Abad