El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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¡Ojo con la soberbia!

Si te preguntaran qué pecado molesta u ofende más a Dios, ¿qué dirías? Seguramente empezarías a pensar en asesinato, adulterio, pedofilia, y un largo etcétera. Empezando por el hecho que Dios es tres veces Santo y no tolera el pecado, diríamos que todo lo anterior le ofende por igual. Aunque Dios no distingue una “pequeña” mentira de un “gran” robo, en la Biblia se destaca un pecado por antonomasia. La soberbia. ¿Por qué?, porque es raiz de otros pecados, es inherente al ser humano caído y porque Dios es Dios (sólo Él merece toda la gloria) y aunque parezca una perogrullada, nosotros no. La soberbia encabeza el listado de las siete abominaciones enumeradas en Proverbios 6:16-19

“Seis cosas hay que odia el Señory siete son abominación para Él:
ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, un corazón que maquina planes perversos, pies que corren rápidamente hacia el mal, un testigo falso que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.”

“Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazónciertamente no quedará sin castigo.” (Proberbios 16:5)

Los pecados sexuales han hecho famosas a las ciudades de Sodoma y Gomorra, se las nombra como prototipo de perversión y desvío. Pero es sorprendente el inicio de todas estas aberraciones: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso.” (Ezequiel 16:49)

De hecho vemos a la soberbia como la causante de la caída del hombre en Génesis 3:6 Cuando la mujer (Eva) vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido (Adán)que estaba con ella, y él comió.”

Dios les había dicho que podían comer de todos los árboles del Edén, menos el del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comieren de él, morirían. Y al hombre no le bastó la provisión y la comunión con Dios. No se conformó con su estado de feliz dependencia de Él: ¡quiso más!… Soberbia pura. Y a partir de ahí, como expresa el Apóstol Pablo en la carta a los Romanos, el hombre entró en una decadencia sin parangón:

Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” (Romanos 1:21-23)

El hombre está perdido por su soberbia, pero gracias al Señor Jesús que vino a rescatar a los que se humillan delante de Él y se someten a su Señorío. Cristo dio ejemplo de humildad, obediencia y sometimiento al Padre, para mostrarnos el Camino de regreso a Dios. Pero nadie será justificado delante de Dios si no se arrepiente de la soberbia  de querer ser independiente de Él, y recibe a Cristo como su Señor y Salvador.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)

Aunque hayamos caído arrepentidos a los pies de la Cruz, el gérmen de la soberbia nos acompaña toda nuestra vida. Así que: ¡ojo con la soberbia!  Porque esta querrá aflorar a cada paso de nuestro día a día, en forma de orgullo religioso, sabiduría propia, superioridad intelectual o vanagloria.

Gloria