El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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Estracto de: “Afectos: El eslabón perdido” (Scott Aniol)

Los afectos cristianosLos afectos religiosos son la fuente de la cual fluye la obediencia a los mandamientos de Dios. Cuando se trata de la vida cotidiana, estamos gobernados por lo que amamos. Podemos decir que creemos ciertas cosas, pero a menos que realmente las amemos, no las seguiremos. Por eso la religión verdadera, en gran parte, consiste en los afectos. Cualquiera puede creer ciertos hechos. Cualquiera puede hacer ciertas cosas. Pero sólo aquellos que son verdaderamente regenerados, que son verdaderamente religiosos, amarán lo que creen y lo que hacen. Y de este amor fluye la capacidad de hacer lo que es correcto.

Podemos decir que creemos ciertas cosas, pero vamos a hacer sólo lo que amamos. Es el afecto el que está en el corazón de la verdadera religión. Sin la creencia en Cristo no hay salvación. Pero el nuevo nacimiento de Dios que engendró la fe también crea dentro de nosotros los afectos de amar y gozarnos en lo que creemos. Y luego, cuando vengan las presiones y las pruebas de la vida en nuestro camino, nos mantenemos firmes y nuestra fe es probada y demostrada genuina porque tenemos un amor por Cristo y un gozo que es inexplicable que nos llevará a través de ellas (1 Pedro 1).

Jonathan Edwards señaló que los afectos y la voluntad no están separados. Él llamó al afecto la inclinación de la voluntad, es decir, lo que nos inclina a seguir adelante con lo que creemos. Ésa es realmente la verdadera naturaleza de la fe. Hay una especie de fe que no salva (Santiago 2:14). Es simplemente asentimiento intelectual y no resulta en una vida correcta. Pero la verdadera fe salvadora tiene implícita en ella el amor y la confianza en lo que se cree. Y esta conexión entre lo que sabemos y lo que amamos es lo que producirá una vida piadosa.

Es de suma importancia, por lo tanto, que guardemos cuidadosamente lo que moldea nuestros afectos. Esta es una necesidad extrema en el evangelio contemporáneo. Es por eso que he incluido una discusión tan larga de los afectos en un libro sobre música. Las cosas que forman y gobiernan nuestros afectos nos rodean: música, películas, libros, todo en la cultura moldea y guía nuestros afectos. Ese es el propósito de la música; la música es el lenguaje de las emociones. Así que lo que escuchamos y las actividades culturales que digerimos moldean y forman nuestros afectos, correcta o erróneamente. Y por esta razón debemos ser muy cuidadosos con lo que permitimos dar forma a nuestros afectos.

Si queremos ser personas que viven vidas verdaderamente piadosas y toman decisiones agradables a Dios, debemos guardar nuestros afectos, porque ahí radica la raíz de nuestra religión. Si queremos ser capaces de elegir la música que verdaderamente glorifica a Dios, debemos abandonar aquellas cosas que están moldeando nuestros afectos de una manera no bíblica. Esto es algo que me trae mucha carga. ¿Cómo podemos esperar tener amor bíblico por Dios cuando nuestros afectos están siendo moldeados por las películas y la música de la cultura popular?¿Cómo podemos esperar que nuestros adolescentes conozcan el verdadero amor bíblico por Dios cuando las celebridades de Hollywood, TV y deportes están moldeando su visión del amor? ¿Cómo podemos esperar tener afectos religiosos para Dios cuando nuestros afectos están siendo moldeados por los sonidos sensuales, caóticos, inmorales de la música rock? Si desea tener verdaderos afectos bíblicos para el Señor que afectarán su vida, ¡abandone esas cosas! Ejercite el discernimiento bíblico y libere sus vidas de aquellas cosas que están deformando su idea de lo que es el verdadero afecto. ¿Qué estás permitiendo dar forma a tus afectos?

“Afectos: El eslabón perdido” (Scott Aniol)


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“Y el mar ya no exitía más…”

Como crecí en una ciudad sin mar, este siempre me llamó la atención, más como paisaje que como deporte o actividad. Cuando me mudé a España, vine a vivir a Barcelona (España tiene el privilegio de estar rodeada de mares preciosos) y no podía viajar en tren sin dejar de contemplar la vasta masa de agua con verdadero arrobamiento. Incluso al principio, mi marido es testigo que no dejaba de exclamar al mirarlo: ¡Qué hermoso, qué hermoso!

Cuando leí en Apocalipsis la visión del Apóstol Juan, que veía cielos y tierras nuevas… y el mar ya no existía más (Apocalipsis 21:1) me impresionó mucho, casi me dio tristeza el hecho de que algo que a mí me parecía tan bonito, en el futuro dejara de existir. Pero con el tiempo cambié la idea romántica que tenía, por una muy diferente y bien conocida por los marinos y gente que a diario tiene que lidiar con el mar.

El mar es inestable e impetuoso. Impredecible y traicionero, peligroso y tan vasto que ningún ser humano puede jactarse de controlarlo o contenerlo. Sólo Jesús, su creador puede con sólo una palabra, mandar al mar que se aquiete, y este obedece. Con razón el marinero agradece cuando apoya su pie en tierra luego de una larga jornada plagada de riesgos en el mar. Con razón se valora el ancla, seguridad de la nave ante el vaivén de las olas.

Al conocer las características del mar y contrastarlas con el carácter de Dios, me di cuenta el porqué el mar ya no existirá más. Al contrario del mar y de todo en este mundo que cambia, que peligra, que es inestable, Dios no cambia y no puede haber nada inseguro en Su presencia. Dios dijo: “Porque Yo, el Señor, no cambio…” (Malaquías 3:6a) Porque Él es el: “Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:17b)

“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no se acabarán.” (Salmos 102:25-27)

 “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” (Hebreos 13:8)

¡Qué seguridad, tranquilidad y firmeza me da el saber que aunque todo a mi alrededor cambie a un ritmo vertiginoso, mi Señor es firme como una Roca inconmovible! ¡Qué esperanza preciosa pensar que a pesar de que este cuerpo vaya envejeciendo, las arrugas y canas aparezcan, el Señor me dará un cuerpo nuevo que no cambiará jamás!

La próxima vez que vea el mar, me gustará, claro, es una hermosa creación de Dios, pero me alegrará el pensar que cuando estemos con Él, ya no existirá ni un ápice de inestabilidad…

Gloria


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El arrepentimiento sincero es continuo

El dolor que es según Dios, produce arrepentimiento. (2 Corintios 7:10)

El dolor genuino y espiritual por el pecado es obra del Espíritu de Dios. El arrepentimiento es una flor muy delicada para que pueda crecer en el jardín natural. Las perlas se forman naturalmente en las ostras, pero el arrepentimiento nunca se manifiesta en los pecadores, a menos que la gracia divina lo obre en ellos. Si tienes una partícula de sincero odio al pecado, es porque Dios te lo ha dado, pues los abrojos de la naturaleza humana nunca producen un solo higo. «Lo que es nacido de la carne, carne es.» El verdadero arrepentimiento alude claramente al Salvador. Cuando nos arrepentimos hemos de fijar un ojo sobre el pecado y el otro sobre la cruz, o quizás sea mejor fijar los dos sobre Cristo y ver nuestras transgresiones solamente a la luz de su amor.

El dolor por el pecado es eminentemente práctico. Ningún hombre puede decir que odia el pecado si vive en él. El arrepentimiento nos hace ver el mal del pecado, no solo teóricamente, sino experimentalmente, así como un niño que se ha quemado teme al fuego. Nosotros temeremos al pecado en la misma forma en que un hombre, recientemente asaltado y despojado, teme al ladrón; y lo esquivaremos no sólo en las cosas grandes, sino también en las pequeñas, así como los hombres esquivan tanto las víboras pequeñas como las grandes serpientes.

El sincero dolor por el pecado nos hará celosos de nuestras lenguas para que no digamos malas palabras. Vigilaremos con diligencia nuestras acciones diarias para no ofender en nada, y cada noche cerraremos el día con una sentida confesión de nuestras faltas, y cada mañana nos despertaremos con ansiosas oraciones a fin de que Dios nos sostenga ese día para no pecar contra Él.

El arrepentimiento sincero es continuo.

C.H. Spurgeon. Lecturas Matutinas


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La justicia social no adulterada

He crecido escuchando debates acerca de la justicia social. Los medios de comunicación crean la opinión pública y a pesar de usar la palabra justicia, las decisiones sociales  no aparentan ser muy justas. ¿Quién define las necesidades de un colectivo?, ¿con qué parámetros se mide el poder adquisitivo o el estatus de una persona?, ¿quién dice quién es pobre y quién no?, ¿no varía de un extremo del orbe al otro, y de una época a otra?, ¿qué se entiende por necesitado?, ¿no varía la perspectiva de justicia social entre una ideología política a otra?

Con todos estos factores cambiantes, ¿no es una quimera esperar justicia social en el mundo? Cualquiera que observe la humanidad se dará cuenta que va a peor, que cada vez hay más injusticia y más diferencias sociales. No esperemos justicia, paz ni gozo duradero en esta tierra donde todo está corrompido y adulterado.

Cuando se habla de Jesús, la confusión de algunos es manifiesta. Piensan (como los judíos de su época) que Jesús vino para establecer un reino de justicia en la tierra. Hay quienes lo consideran un revolucionario que vino a predicar la igualdad en materia económica, pero  Jesús no lideraba un proyecto de justicia social, dando comida y rechazando a los fariseos por ser ricos… Pensar así es no conocer a Jesús, o haberse hecho una imagen de Él adaptada a los gustos de una sociedad caída y pecadora.

En todas las escrituras, cuando se refiere al pobre y necesitado, lo hace en términos de pobreza de espíritu y necesidad espiritual.

“Todo esto lo hizo mi mano, y así todas estas cosas llegaron a ser, declara el Señor. Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra.” (Isaías 66:2)

“Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.” (Mateo 5:3)

“Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu.”(Salmos 34:18)

“Levanta del polvo al pobre, del muladar levanta al necesitado para hacerlos sentar con los príncipes, y heredar un sitio de honor; pues las columnas de la tierra son del Señory sobre ellas ha colocado el mundo.” (1ºSamuel 2:8) 

“Tendrá compasión del pobre y del necesitado, y la vida de los necesitados salvará.” (Salmos 72:13)

“Yo sé que el Señor tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados.” (Salmos 140:12)

Jesús vino a este mundo a revelar el reino de Dios, que es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo, y lo hizo a través de la muerte sustitutoria en la Cruz del Calvario. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.” (2º Corintios 5:21) Dios descargó toda su ira (la que nosotros merecíamos) sobre Cristo aunque Él nunca pecó, y logró así justicia verdadera para los que reconocen su pobreza y necesidad espiritual. .

De esta forma, la verdadera justicia social la hizo Cristo, considerando por igual a hombres, mujeres, ocupaciones o bolsillos. Todos somos igual de pecadores y por lo tanto pobres y necesitados. La diferencia está en reconocerlo o no. En el cielo no valdrá la cuenta del banco o la miseria padecida en esta tierra. Dios sólo tendrá en cuenta la obra de Cristo en la Cruz, sólo su justicia y no la nuestra.

Gloria