El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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¿Por qué murió Jesús?

He oído muchas veces comentarios desafortunados con respecto a la muerte de Cristo, que si fueron los judíos o los romanos, etc. Leyendo esta mañana este devocional de Spurgeon, me sorprendió este párrafo breve basado en un versículo del profeta Daniel. Es una alabanza al Nombre del Señor.

“… Se quitará la vida al Mesías, y no por sí ”  Daniel 9:26

¡Bendito sea su nombre!, no hay causa de muerte en Él. Ni pecado original ni pecado presente lo ha manchado, y, por lo tanto, la muerte no tiene ningún derecho sobre Él. Ningún hombre podría haberle quitado la vida con justicia, pues Él no injurió a ningún hombre; y ningún hombre podía haberlo matado por la fuerza, si Él no hubiese deseado entregarse para morir. Pero, he aquí, uno peca y otro sufre. La justicia fue ultrajada por nosotros, pero halló en Él su satisfacción. Ni ríos de lágrimas, ni montañas de sacrificios, ni mares de sangre de bueyes, ni cerros de incienso hubiesen servido para la remisión de los pecados; pero Jesús fue muerto por nosotros, y la causa de la ira desapareció enseguida, porque el pecado había sido quitado para siempre.

Aquí hay sabiduría, por la cual, la substitución divisaba el seguro y rápido camino de expiación. Aquí hay condescendencia, que envía al Mesías, el Príncipe, para que se ciña una corona de espinas y muera en cruz. Aquí hay amor, que lleva al Redentor a dar su vida por sus enemigos.

Sin embargo, no basta admirar el espectáculo del inocente que sangra por el culpable; tenemos que estar seguros de que también nosotros fuimos salvados por Él. El propósito particular de la muerte del Cristo era la salvación de su Iglesia. ¿Tenemos nosotros parte y suerte entre aquellos por quienes Él dio su vida en rescate? ¿Fuimos curados por sus llagas? Será terrible si nos privamos de una porción de su sacrificio; en ese caso, sería mejor no haber nacido. Aunque la pregunta es solemne, nos alienta saber que puede ser contestada claramente y sin error.

Para todos los que creen en Él, Jesús es el presente Salvador, y, sobre los tales, toda la sangre de la reconciliación fue esparcida. Que todos los que confían en los méritos de la muerte del Mesías se sientan gozosos, al recordarlo, y hagan que una santa gratitud los guíe a consagrarse por entero a su causa.

C.H. Spurgeon

“Lecturas Vespertinas”

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¡Ojo con la soberbia!

Si te preguntaran qué pecado molesta u ofende más a Dios, ¿qué dirías? Seguramente empezarías a pensar en asesinato, adulterio, pedofilia, y un largo etcétera. Empezando por el hecho que Dios es tres veces Santo y no tolera el pecado, diríamos que todo lo anterior le ofende por igual. Aunque Dios no distingue una “pequeña” mentira de un “gran” robo, en la Biblia se destaca un pecado por antonomasia. La soberbia. ¿Por qué?, porque es raiz de otros pecados, es inherente al ser humano caído y porque Dios es Dios (sólo Él merece toda la gloria) y aunque parezca una perogrullada, nosotros no. La soberbia encabeza el listado de las siete abominaciones enumeradas en Proverbios 6:16-19

“Seis cosas hay que odia el Señory siete son abominación para Él:
ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, un corazón que maquina planes perversos, pies que corren rápidamente hacia el mal, un testigo falso que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.”

“Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazónciertamente no quedará sin castigo.” (Proberbios 16:5)

Los pecados sexuales han hecho famosas a las ciudades de Sodoma y Gomorra, se las nombra como prototipo de perversión y desvío. Pero es sorprendente el inicio de todas estas aberraciones: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso.” (Ezequiel 16:49)

De hecho vemos a la soberbia como la causante de la caída del hombre en Génesis 3:6 Cuando la mujer (Eva) vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido (Adán)que estaba con ella, y él comió.”

Dios les había dicho que podían comer de todos los árboles del Edén, menos el del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comieren de él, morirían. Y al hombre no le bastó la provisión y la comunión con Dios. No se conformó con su estado de feliz dependencia de Él: ¡quiso más!… Soberbia pura. Y a partir de ahí, como expresa el Apóstol Pablo en la carta a los Romanos, el hombre entró en una decadencia sin parangón:

Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” (Romanos 1:21-23)

El hombre está perdido por su soberbia, pero gracias al Señor Jesús que vino a rescatar a los que se humillan delante de Él y se someten a su Señorío. Cristo dio ejemplo de humildad, obediencia y sometimiento al Padre, para mostrarnos el Camino de regreso a Dios. Pero nadie será justificado delante de Dios si no se arrepiente de la soberbia  de querer ser independiente de Él, y recibe a Cristo como su Señor y Salvador.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)

Aunque hayamos caído arrepentidos a los pies de la Cruz, el gérmen de la soberbia nos acompaña toda nuestra vida. Así que: ¡ojo con la soberbia!  Porque esta querrá aflorar a cada paso de nuestro día a día, en forma de orgullo religioso, sabiduría propia, superioridad intelectual o vanagloria.

Gloria

 

 


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La Vanidad de la Vida

Estos días leyendo Proverbios capítulo 16 meditaba acerca de la soberanía de Dios (es decir que Él tiene absoluto control sobre absolutamente TODO) y este post habla justamente de esto por eso lo comparto.

sujetosalaRoca

Una de las verdades que la Biblia expone claramente es la realidad de nuestra vida como hombres en este mundo. La gran mayoría de nosotros nace, crece y conforme va creciendo hace planes para su vida. Planea estudiar, instruirse, trabajar, casarse, comprar una casa, tener hijos, pagar por su educación, ver a sus hijos crecer, luego verlos hacer sus propias vidas, y terminar uno envejeciendo junto a aquella persona con la que compartimos tanto de nuestras vidas.

Así crecí yo.

Entre los recuerdos de mi niñez estaban soñar con llegar a ser un cirujano como mi padre, casarme a los 25 años, tener 3 hijos -uno de los cuales sería una niña rubia con grandes bucles en su cabello (por lo menos eso fue lo que le escribí en una carta a mi esposa en una ocasión)- comprar una casa con un buen patio para que mis hijos pudieran jugar…

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La gran delatora

Parece el título de una novela, pero se trata de un personaje que tenemos todos y que usamos a diario, más de lo que pensamos: “la lengua”.

¿Por qué le llamo delatora?, porque ella es la encargada de revelar lo que hay en nuestro interior. El Señor Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34) Cuando hablamos, expresamos nuestros pensamientos, tendencias, sentimientos, temores, etc. Y lo hacemos con un mayor o menor grado de conciencia, es decir que a veces no nos damos cuenta de todo lo que nuestra forma de hablar puede revelar. Al poco de hablar con alguien, ya nos formamos una idea general, si hablamos muchas veces con él, ya tendremos un panorama más completo, y si tenemos relación diaria, se puede decir que conocemos a esa persona. ¿No les ha pasado que nos formamos un concepto de una persona y de pronto , conversando, suelta una palabrota, o una expresión soez y nos decepciona?, ver gente elegante de apariencia inteligente y al abrir su boca sólo dicen tonterías, o que al descubrir una mentira ya no podemos confiar en esa persona, y así muchos ejemplos de cómo puede delatar la lengua el corazón humano.

Con razón expresa  el Proverbio: “Hasta el necio cuando calla, pasa por sabio” Porque tanto la cantidad como el contenido de nuestras palabras, nos retratan.

En la Biblia hay advertencias contra la vana palabrería: “El que cierra sus labios es entendido”, “El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre entendido”, “En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente.”En el libro de Proverbios es donde más referencias encontramos de la importancia de la lengua, a tal punto que dice: ” La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (proverbios 18:21)

Y siguiendo con el capítulo de Mateo  12 cuando el Señor hablaba con los fariseos, les dice: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” (Mateo 12:36-37) No se trata de que podamos hacer nada por nuestra salvación, y menos con meras palabras. Lo que quiere decir es que una persona regenerada, que se ha humillado delante de la Cruz de Cristo pidiendo misericordia por sus pecados, llena su mente y su corazón de la palabra de Dios y esto es lo que brota naturalmente por sus labios. Esto se traduce por un hablar prudente, veraz, contento y agradecido que es como un bálsamo para los que los oyen. Pero por el contrario, la persona que no tiene en cuenta a Dios en su vida, y se deja guiar por su propia opinión, por su corazón engañoso y sus apetitos (dinero, placer, renombre) va a manifestar un fruto de labios totalmente opuesto. Escucharemos de ellos quejas, contiendas, mentiras, insultos, blasfemias, falta de respeto, etc.

La mejor manera de conocer a un verdadero siervo de Cristo, será a través de sus palabras y porque siempre está reconociendo la mano de Dios en su vida, hablando de su Señor. “Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre.” (Hebreos 13:15)

Gloria