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6 Hábitos que Sus Hijos Necesitan Construir Ahora Mismo

Por Emma Joy

Crecer en la cultura de hoy requiere construir hábitos desde una edad temprana que, cuando se practican, sostendrán y capacitaran a los niños para hacer frente a las presiones, trampas y señuelos de una sociedad que ha perdido su miedo y concepto de Dios –una sociedad, de hecho, que promueve una cosmovisión en el que cualquier idea, sin importar lo ilógico o desquiciado que sea, se espera ser apoyada, celebrada y promovida a cualquier precio.

Los padres tienen la responsabilidad dada por Dios de criar a los hijos que saben lo que creen y por qué lo creen (apologética). Estamos llamados a moldear y dar forma a nuestros hijos inculcándoles una cosmovisión bíblica que tenga sentido del mundo que nos rodea. Nosotros también estamos llamados a modelar y enseñar a vivir prácticamente una vida temerosa de Dios, llena de gozo y humilde que exalte a Cristo y esté en sintonía con la pureza y los principios bíblicos. Aquí están seis hábitos que sus hijos necesitan construir en este momento:

1. No hacer del Internet su vida

Esto puede ser visto como una tarea de enormes proporciones, dado que gran parte de cada una de nuestras vidas se vive en algún tipo de medio de comunicación social o plataforma tecnológica. Sin embargo, hay una diferencia entre lo que es útil y lo que es perjudicial. Dios nos llama a hacer la mayor parte de nuestro tiempo y pasar nuestro tiempo, talento y recursos para su gloria y beneficio de los demás. Mediante la introducción de sus hijos a oportunidades voluntarias (las posibilidades son realmente infinitas!) y tener que leer a través de varios libros al año para edificar sus mentes, ellos comenzarán a ver que hay tanto fuera de sí mismos por el que pueden crecer, participar en, ayudar con, y dar a los necesitados.

Al recordar que vamos a dar cuenta de nuestras vidas a Dios cuando estamos de pie delante de él, los niños pueden darse cuenta del narcisismo expuesto al consumirse frente a una pantalla y estarán motivados para hacer que cada día cuente.

2. Aprender los mecanismos de adaptación sanos

El estrés es un factor para la gente de todas las edades. Si los niños no aprenden formas saludables de afrontar desde una edad temprana, son susceptibles a sentimientos atrofiados e incomodos a través del entretenimiento (que también enmascara sentimientos de aburrimiento). Esto puede llevar a la adicción, al secreto, y la búsqueda de una vida egoísta. Apegándose a una mentalidad del yo.

Si la gente no sabe cómo lidiar con el estrés, esto afectará a muchos aspectos de sus vidas. Si no tienen un plan para hacer frente a lo inesperado, lo demandante, y las tensiones inevitables traídas por las funciones y responsabilidades que tienen en la vida, esto criará la pereza, decisiones tomadas por capricho, remordimiento, y un ciclo vicioso de malos hábitos que tendrán lugar durante tiempos difíciles y luego continuaran debido a que se acostumbren al nivel mas alto momentáneo que sienten cuando escapen a su “droga predilecta.”

3. Mantener líneas de comunicación abiertas con adultos y mentores de confianza

La gente necesita la rendición de cuentas, y los niños no son diferentes. Se les debe animar al diálogo acerca de sus sentimientos, pensamientos, y lo que está en su mente al enseñarles la importancia y el valor de la honestidad y pedir ayuda cuando se encuentran con un problema o asunto. Se les debe enseñar que los secretos matan. Cuando la gente guarda secretos, estropea su carácter. Comienzan a mentir a ocultar lo que está pasando y terminan con una máscara y ponen una cara diferente dependiendo de con quién están. El secreto provoca que las malas decisiones permanezcan y crezcan. Los secretos obstaculizan la gente de vivir vidas de integridad. Ellos reducen nuestra cordura, salud mental, relaciones, y caminar con Dios.

A los niños se les debe enseñar que es mejor que sentirse avergonzado o abochornado al admitir su pecado a los adultos como mentores de confianza que pueden ayudar a lidiar con el tema en cuestión, que poner una cara feliz, fingir que todo está bien, y sufrir la muerte de todo lo que es bueno en sus vidas como la adicción o el problema continúa y comienza exigiendo más de su tiempo, energía, posiblemente su dinero, y dignidad en el tiempo.

4. Aprender lo que es el verdadero amor

El verdadero amor es sincero, con sentido, especial, no en base a la emoción y los sentimientos, comprometido, humilde, valora al individuo, incluye la amistad y la comunicación, es transparente y real, busca conocer a la persona, crecer juntos como individuos y como pareja, sumisión y servidumbre mutua, respeto y amabilidad, una relación que es centrada en Cristo, aplicando la Biblia, y conlleva un hombre y una mujer cuya vida se caracteriza por la entrega a Dios en todas las áreas, trabajando continuamente en sí mismos y, a su vez, tener una mejor relación posible gracias a Dios, la Biblia, la rendición de cuentas, y la aplicación de la verdad de Dios a la relación y la vida de cada persona.

La lujuria contradice la belleza del amor verdadero y está en total oposición a la misma. Es egoísta, manipulador, impuro, trata de salirse con la suya sin importar el costo a la otra persona, valora el cuerpo, no requiere de relación o comunicación, menosprecia nuestra humanidad, aumenta la angustia, impide la formación de intimidad, no es auténtico, descarta la persona una vez que se utiliza el cuerpo, promueve la satisfacción sexual sin conexión emocional o integridad espiritual, carece de paciencia, no valora la dignidad o preserva el valor humano, escupe sobre el diseño de Dios para la sexualidad, daña mas de lo que ofrece, y causa más daño que deleite.

5. Aprender cómo entrenar sus ojos y llevar sus pensamientos cautivos

“Todo pecado, no solos el pecado sexual, comienza con la imaginación. Lo que alimenta la imaginación es de suma importancia en la búsqueda de la justicia.” D.A. Carson

La Biblia nos dice que filtremos nuestros pensamientos a través de la base de Filipenses 4:8. Lo mismo debe aplicarse a lo que vemos, leemos y escuchamos. Al tomar nuestros pensamientos cautivos, nos entrenamos para no fantasear o jugar con la imaginación de manera hiperactiva. Una vida reflexiva y lo que nuestros ojos ven, juegan un papel importante cuando se trata de la formación de atracciones, alimentar el deseo, alimentar la pasión, la ejecución de la acción, las etiquetas que formamos, cómo nos vemos a nosotros mismos y a los demás, y finalmente las decisiones que tomamos.

“Cuida tus pensamientos, y habrá poco que temer acerca de tus acciones.” -JC Ryle

Lo que pensamos y lo que vemos son fuerzas poderosas que tienen el potencial de propagar como reguero de pólvora y traer mucha destrucción si se deja al deseo sin rendición de cuentas. Es poner un pie dentro del territorio que nunca será satisfecho y nos puede llevar por caminos que nunca pensamos ser posible. Debemos tener cuidado en lo que pensamos y vemos, ya que allana el camino para el consumo de pornografía.

A los niños se les debe enseñar principios sobre el poder de nuestros pensamientos y lo que consumimos visualmente porque nuestros cuerpos responden a estos (el estrés, la ansiedad y el miedo prueban este punto). Necesitan que se les enseñe acerca de la sexualidad bíblica, el propósito de Dios y el diseño en darnos un impulso sexual, y la manera de glorificar a Dios con nuestros cuerpos, mentes e imaginación.

Los niños deben saber por qué no deberían ver entretenimiento específico o permitir que sus pensamientos corran desenfrenados. A menos que ellos entiendan, hablen bíblicamente, el por qué de las cosas, su enseñanza o amonestación serán considerados como poco más que un padre estricto decir no para divertirse.

6. Hacer de Dios su más alta prioridad en la vida

Cuando el Señor se convierte en nuestra máxima prioridad y lo colocamos por encima de todo, nuestra libertad no es ahogada; se vuelve real y verdadero. A través de Jesús, estamos en buena posición ante nuestro Creador y encontramos nuestra identidad en Él (por lo tanto no buscamos encontrarnos a nosotros mismos en un sentido mundano a través de ideas falsificadas, ideales baratao, y pasiones distorsionadas). Basamos nuestras decisiones sobre su palabra infalible y evitar las consecuencias desagradables de una vida vivida sin respeto por Cristo. Nos regocijamos en la tribulación, aprendemos lecciones valiosas, vivimos sencillamente, y crecemos en carácter y madurez. Nos encontramos con un verdadero propósito, gozo, contentamiento, esperanza, y descanso.

Los padres y niños por igual, os animo a hacer la siguiente oración por Betty Scott Stam su clamor diario al Señor. Él es digno de nuestra confianza y acción de gracias, es perfecto en todos Sus caminos, y siempre tiene nuestro mejor interés en mente:

“Señor, te entrego todos mis propios planes y propósitos, todos mis deseos y esperanzas, y acepto tu voluntad para mi vida. Entrego a ti, mi tiempo, mi todo, completamente a Ti para ser tuyo para siempre. Lléname y séllame con Tu Espíritu Santo. Úsame como Tú desees, mándame donde quieras, actúa toda Tu voluntad en mi vida a cualquier costo, ahora y para siempre “.

Padres, os exhorto a comenzar la implementación de estos seis pasos con sus hijos. Salvaguardemos a nuestros niños del mundo, la carne y el diablo, honremos a Dios, preparémosles, y consolémonos en saber que los hemos enseñado bien y les hemos dado una gran base para una vida piadosa y principios que estiman a Cristo y honren Su palabra .

Incluso si usted no comenzó esto desde el momento en que eran jóvenes, es mejor comenzar un inicio tardío en la construcción de estos hábitos en sus vidas que asumir que toda esperanza está perdida, mientras se acercan a sus años de adolescencia.

“Orar por sus hijos es una de los mejores momentos jamás pueda invertir. La oración es un privilegio poderoso!” Elizabeth George

El mejor podcast sobre educación que he escuchado: La educación en Finlandia (11 minutos)

http://www.cesarvidal.com/index.php/Podcast/escuchar-podcast/finlandia_campeona#

Si eres padre o madre y cristiano, no dejes de leer estos artículos:

La naturaleza de una educación cristiana

Recomiendo ver los artículos sobre “educación cristiana” del Blog de Becky Pliego   http://www.deliciasatudiestraparasiempre.com/2011/01/la-naturaleza-de-una-educacion.HTML

http://www.deliciasatudiestraparasiempre.com/2011/01/la-naturaleza-de-una-educacion_31.HTML

http://www.deliciasatudiestraparasiempre.com/2011/03/la-madre-cristiana-y-la-instruccion.HTML

http://www.deliciasatudiestraparasiempre.com/2011/03/la-madre-cristiana-y-la-instruccion_03.html

La única forma de ahorrar tiempo
Inicio » Reflexiones » Familia » La única forma de ahorrar tiempo

John S. C. Abbott

Sé que algunas madres dicen que no tienen tiempo para prestar tanta atención a sus hijos. Pero el hecho es que, para cuidar de una familia ordenada, no hace falta ni un tercio del tiempo que hace falta para cuidar de una familia desordenada. Ser fiel en el gobierno de tu familia es la única forma de ahorrar tiempo.

¿Puedes permitirte el lujo de estar distraída y acosada por la desobediencia continua de tus hijos? ¿Estás dispuesta a perder el tiempo desviando tu atención a cada momento de las tareas que tienes entre manos por culpa de las travesuras de tus obstinados hijos?

Imagínate una madre rodeada de varios hijos que tienen el hábito de hacer lo que quieren. Está muy ocupada, supongo, con algunas prendas de vestir que es importante terminar inmediatamente. A cada momento se ve obligada a levantar la vista de su trabajo para ver qué están haciendo los niños. Samuel se está subiendo a la mesa. Jane está quitando los morillos1. Juan está galopando por la habitación sentado sobre las tenacillas. La madre, casi ensordecida por el ruido, se pregunta por qué sus hijos son tan problemáticos comparados con los de los demás.

–Jane, deja en paz esos morillos–exclama.

Jane sale corriendo un momento, persigue a Juan alrededor de la habitación y vuelve a su travesura.

–Juan, cuelga esas tenacillas.

Juan no hace el menor caso a la orden de su madre.

Ella, al ver cómo está destrozando la alfombra y machacando los muebles, se levanta enseguida, le da una bofetada a Juan y coloca las tenacillas otra vez en su sitio; pero, para cuando se ha acomodado en su asiento y ha vuelto a su trabajo, Juan ya está sentado a horcajadas sobre la pala, trotando a toda velocidad.

No hace falta que siga describiendo este cuadro; pero todo el mundo sabe que no estoy exagerando. Estas escenas son muy habituales. Miles de espíritus inmortales se crían en medio de este tumulto, esta anarquía y este ruido, y eso les marca para toda la vida en este mundo y en el venidero. Ahora bien, esta madre te dirá que no tiene tiempo para poner a sus hijos en sujeción. Mientras que, si hubiera sido fiel con cada uno de sus hijos, se habría ahorrado una inmensa cantidad de tiempo y de trabajo.

Supongamos ahora el caso de otra madre que tiene que hacer el mismo trabajo. Ha enseñado a sus hijos una obediencia instantánea y sin rechistar. Da unos bloques a tres de ellos en un rincón de la habitación y les dice que pueden jugar a “construir casas”, pero que no deben hacer mucho ruido ni interrumpirla, porque quiere trabajar. Deja a los otros tres en otro rincón, con sus pizarras, y les dice que pueden jugar a “hacer dibujos”.

Los niños, acostumbrados a estos arreglos tan ordenados, se entretienen solos muy tranquilos y muy contentos durante quizá unos tres cuartos de hora. La madre hace su trabajo sin interrupciones. En alguna ocasión levanta la vista y dice una palabra de aliento a sus hijos, fijándose unas veces en los pequeños arquitectos de una esquina, y otras veces echando una ojeada a los dibujos de las pizarras; así demuestra a los niños que los comprende y que se interesa por sus diversiones. Los niños están encantados y son felices. La madre trabaja tranquila.

No les deja continuar con sus entretenimientos hasta que se cansan de ellos. Después de que han jugado tal vez unos tres cuartos de hora, dice:

–Vamos, niños, ya habéis jugado bastante; ahora hay que recoger todos los bloques y ponerlos en el cajón.

–Oh, mamá–dice María–, déjame jugar un rato más, que ya tengo mi casa casi acabada.

–Bueno, puedes terminarla–dice la madre, juiciosa y amable–, pero avísame en cuanto esté acabada.

Unos pocos minutos más tarde, María dice:

–Ya, mamá. ¡Mira qué casa más grande he construido!

La madre la mira y agrega una palabra agradable de aliento, y luego les pide que pongan todos los bloques en su sitio. Les dice a los niños de las pizarras que las cuelguen y que guarden los lápices, para que, al día siguiente, cuando necesiten las pizarras y los bloques, no haya que perder tiempo buscándolos.

Ahora bien, ¿qué madre tiene más tiempo? ¿Y qué madre pasa el tiempo de un modo más feliz? ¿Y qué madre obtendrá más consuelo gracias al carácter futuro de sus hijos y a su cariño?

Tal vez alguien dirá que este cuadro es muy bonito, ¿pero dónde hay que mirar para verlo en la realidad? De hecho, hay que lamentar que tales escenas sucedan con tan poca frecuencia; pero eso no significa ni mucho menos que no sucedan nunca. Hay muchas familias como esta, con madres felices e hijos cariñosos. Y estas familias no se limitan al ámbito de los ricos y los eruditos.

No hace falta tener fortunas, ni muchos estudios, para criar una familia así. El principio del gobierno es simple y claro. Es empezar a imponer la obediencia a cada mandato. Es establecer el principio de que la palabra de una madre no debe pasarse por alto. Toda madre juiciosa, de hecho, tratará de satisfacer los deseos de sus hijos dentro de lo razonable. Procurará hacerlos felices; pero nunca les permitirá complacerse en oposición a los deseos de su madre.

Para ilustrar esto, hablemos de los niños que jugaban con los bloques. La madre les dice que los guarden. María pide permiso para jugar unos momentos más, hasta que acabe su casita. La madre, deseosa de hacer felices a sus hijos dentro de sus posibilidades, le concede este deseo razonable. Aquí tenemos un gesto indulgente, pero juicioso.

Sin embargo, supongamos ahora que los niños siguieran jugando sin hacer caso del mandato de su madre. Tal vez pretenden continuar con su diversión solo hasta que completen la torre que están haciendo. Esto es un acto de desobediencia directa. Los niños están guiándose por sus propias inclinaciones en lugar de conducirse según las órdenes de su madre. Una madre juiciosa no consentirá que un hecho como este pase inadvertido ni que quede impune. Puede que piense, quizá, considerando las circunstancias del caso, que lo único que hace falta es una reprimenda seria. Pero no dejará de aprovechar la ocasión para imbuir en sus mentes una lección de obediencia.

¿Te parece que si la madre no deja de fijarse en estas pequeñeces va a estar viendo faltas continuamente? Pero no es ninguna pequeñez que un niño desobedezca las órdenes de su madre. Este solo acto de hacer caso omiso a la autoridad allana el camino para otros actos similares. Es el comienzo del mal lo que hay que resistir. Debemos refrenar los primeros atisbos de insubordinación.

Sin duda, hay casos de faltas intrascendentes que una madre sabia juzgará correcto pasar por alto. Los niños serán irreflexivos y harán cosas sin querer. En ocasiones se desviarán de lo que es estrictamente correcto, sin tener ninguna intención real de hacer mal.

En estos casos el buen juicio es indispensable a la hora de decidir qué cosas hay que dejar pasar; pero, en mi opinión, podemos estar seguros de que la desobediencia directa y manifiesta no debe, bajo ninguna circunstancia, clasificarse entre las faltas intrascendentes. Comerse una manzana desterró a nuestros primeros padres del Paraíso. La atrocidad de la ofensa consistió en su desobediencia al mandato divino.

Ahora bien, toda madre tiene el poder de conseguir la pronta obediencia de sus hijos si comienza a trabajar con ellos cuando son pequeños. En esa etapa están totalmente en sus manos. Todas sus diversiones están a su disposición. Dios le ha dado, pues, todo el poder que necesita para gobernarlos y guiarlos según le plazca.

He tratado de demostrar con los ejemplos anteriores que el principio fundamental para el gobierno de los hijos es que, cuando des una orden, obligues invariablemente a tus hijos a obedecerla. Y Dios ha concedido a todas las madres el poder para hacerlo. Ha puesto en tus manos a un bebé indefenso, que depende de ti por entero, de modo que, si te desobedece, lo único que tienes que hacer es cerrar sus fuentes de diversión, o infligirle dolor corporal, de forma tan firme e invariable que la desobediencia y el sufrimiento queden indisolublemente conectados en la mente del niño. ¿Qué más poder puede pedir una madre aparte del que Dios ya le ha dado? Y si no utilizamos esta capacidad con los propósitos para los cuales nos la otorgó, la falta es nuestra, y sobre nosotros y sobre nuestros hijos recaerán las consecuencias.

El ejercicio de la disciplina muchas veces tendrá que ser doloroso, pero, si no cumples con tu deber, te expones a toda esa triste serie de maldiciones que los hijos desobedientes dejan tras de sí. Si no puedes hacer acopio de la resolución suficiente para privar a tus hijos de su diversión y para infligir dolor cuando sea necesario, entonces tendrás que darte cuenta de que te mereces que se te parta el corazón y que vivas una vejez llena de tristeza. Y, cuando mires a tus disolutos hijos y a tus hijas ingratas, tendrás que recordar que hubo un tiempo en que podrías haber refrenado sus malos impulsos.

Si amas la tranquilidad momentánea más que el bienestar de tus hijos y más que tu propia felicidad permanente, no puedes murmurar de la suerte que has escogido libremente. Y cuando te encuentres con tus hijos ante el tribunal de Dios y ellos te señalen con el dedo y digan: “Fue tu negligencia en el cumplimiento de tu deber lo que nos ha privado del cielo y nos ha consignado a una maldición inacabable”, sentirás lo que ninguna lengua puede expresar.

¡Ay! Es terrible para una madre jugar con el deber. Los destinos eternos de tus hijos están encomendados a tu cuidado. La influencia que ahora ejerces sobre ellos permanecerá aun después de la muerte y del Juicio, y se extenderá a través de esas edades que no tienen fin.

Nota

1. Los morillos son “cada uno de los caballetes de hierro que se ponen en el hogar para sustentar la leña” (Diccionario de la Real Academia Española).

Reservados todos los derechos ©2010

Nada de cole hasta los seis/siete años

29 marzo 2011  Periódico 20 minutos

En estos tiempos de inscripciones escolares  había el otro día en el parque una madre reciente con un hijo de tres años de lo menos preocupados por el tema cole. Ese niño no va a escolarizarse el año que viene. Ni los dos siguientes. Sus padres han decidido que no comenzará el colegio hasta el primer año de primaria, con seis años.  A fin de cuentas los tres años de infantil no son obligatorios, aunque lo parezcan dado que casos como el que hoy os traigo son rara avis.

No les preocupa que cuando comience en primaria no conozca de atrás a sus compañeros. Hay niños que vienen de escuelas infantiles o cuyos padres se han trasladado de ciudad a los que les sucede lo mismo.

Prefieren, dado que ella no trabaja (mejor dicho, ha decidido trabajar con él dado que es profesora de infantil aunque no ejerza), educarle en casa estos tres años. No van a dejarle a su aire. Todos los días tendrá actividades programadas: juego simbólico, manualidades, excursiones, aprender jugando números y letras, mucho parque, incluso circuito de psicomotricidad en casa.

Irán contracorriente en estos tiempos, se encontrarán con mucha gente que no comprenderá su decisión, que incluso la criticará frontalmente o a sus espaldas.

Espero que también se topen con muchos otros que los apoyen e incluso envidien.

Desde luego no es el primer ni el segundo caso que llega a mis oídos. Y a mí me parece fantástico si pueden y desean hacerlo así.

Recuerdo perfectamente que mi generación no comenzó normalmente el colegio hasta los cinco años. Algunos incluso un poco más tarde. La mayoría con tres y cuatro años estábamos en casa, en familia. Cuando yo entré en el cole ya sabía leer, y era mi madre la que me enseñó con cuentos y con los carteles de la calle.

Realmente una escolarización tan temprana es un invento de estos tiempos modernos nuestros. ¿No creéis?

Y si os apetece otro día hablamos sobre la no escolarización, sobre la enseñanza en casa durante el periodo obligado, que ese es otro tema.

Periódico 20 minutos, 29/3/2011

Escolarización con tres años ¿Sí o no?

A diferencia de lo que es habitual en el blog, donde compartimos  nuestras experiencias con vosotros.
Hoy queremos hacer algo diferente. Queremos hacer un post interactivo. Nos gustaría pediros vuestra colaboración y vuestra opinión. Os cuento.
Antes de que os déis cuenta, estaréis eligiendo colegio

Cuando nació nuestra hija todo el mundo nos decía que antes de que nos diéramos cuenta estaríamos eligiendo colegio para ella.  Ahora, empezamos a pensar que no les faltaba parte de razón…
Todavía queda mucho tiempo para tomar la decisión, pero es un tema que nos empezamos a plantear porque el próximo año tendremos que elegir. Nuestra hija cumplirá tres años.

Escolarización temprana y jornadas muy largas

A mí me parece que asumir una jornada de 9 a 17h con esa edad no tiene mucho sentido. Yo empecé el colegio con cuatro años y mis padres con seis. Todos hemos estudiado y somos personas normales.
Hoy la necesidad escolarizar a edades tan tempranas, en mi opinión, viene dada por las largas jornadas laborales de los padres y por la falta de medidas para la conciliación de la vida profesional y personal. Sin embargo, siempre hay quien te dice que a los niños les viene muy bien ir al colegio cuanto antes…
En situaciones así, me gustaría vivir en Finlandia, por ejemplo. Su sistema educativo me parece envidiable.
Sabemos que algunos de los que nos leéis, no habéis escolarizado a vuestros hijos a esa edad o si lo habéis hecho, no estábais muy contentos con el resultado. Otros, en cambio, estáis encantados con el colegio y los profesores de vuestros hijos.

¿Qué hacemos con el colegio de la niña?

Esta pregunta ya nos la hemos hecho varias veces y supongo que a medida que pase el tiempo, nos la repetiremos con más frecuencia.
Nosotros no lo tenemos muy claro todavía y, por eso, nos gustaría conocer vuestras experiencias en este sentido porque estamos seguros de que nos serán de mucha ayuda.
Si la llevamos al colegio, la pregunta que nos hacemos es ¿A cuál? No nos termina de convencer ninguno de la zona y tampoco nos gustaría que recorriera toda la ciudad para ir a clase…
Si la enseñamos nosotros en casa, al menos, hasta la edad obligatoria de escolarización (que en España es a los seis años de edad) nos planteamos algunas preguntas que ya se habrán hecho otros padres en la misma situación:
  • ¿Estaremos suficientemente preparados para enseñarla en casa?
  • ¿Tendremos el suficiente tiempo para hacerlo bien?
  • ¿Qué método seguir y que manuales o proyectos?
  • ¿Cómo nos organizamos?
Supongo que aquellos que hacéis homeschooling tendréis vuestros métodos, vuestros trucos, vuestra organización diaria y nos gustaría que nos diérais alguna idea y nos ayudáseis a aclararnos un poco o bien, alguna referencia de dónde acudir para informarnos y poder decidir.

Aquellos que ya habéis pasado por esta difícil decisión ¿Nos podéis ayudar u orientar un poquito?

¡Gracias por vuestra colaboración! Vuestras opiniones nos ayudarán mucho y seguro que también ayudan a otras familias.

 

¿Te has preguntado alguna vez si podrías vivir sin televisión? ¿Crees que sería posible? Nosotros te decimos que sí. Es posible educar y vivir sin televisión, de hecho, nos parece muy recomendable. Antes de casarnos, decidimos que cuando tuviéramos nuestra casa una de las cosas que no compraríamos sería una televisión. Es curioso, porque mucha gente hace todo lo contrario, cuando compran o ponen un piso, hasta que no tienen la tele no se van a vivir. Es como si con la tele la casa estuviera completa. Nosotros, sin proponérnoslo, tenemos una tendencia natural a nadar contra corriente en muchas cosas en la vida y en esta también, je, je… La compraréis cuando tengáis hijos Cuando se lo dijimos a nuestros familiares y amigos, para que no nos regalaran una por la boda, fueron muchos los que, primero se extrañaron y después nos dijeron: a ver cuánto os dura la novedad, ya veréis cómo cuando tengáis hijos la compráis, les entretiene mucho y a vosotros os liberará.  Una compañera de trabajo me llegó a decir: sin tele ¿cómo entretienes a un niño? y yo pensé…Uf, qué pena de vida ¡pobre niño! Ventajas de vivir sin televisión Hoy, casi cinco años después y siendo padres, podemos decir que estamos encantados de vivir sin televisión. Y se lo recomendamos a todo el mundo, sobre todo, a parejas jóvenes.

  • Facilita mucho la convivencia los primeros meses o años de vida en común.
  • Te permite conocer mejor al otro.
  • Dialogar más con tu pareja.
  • Compartir cómo te ha ido el día y no dejarlo para otro día porque estás cansado y quieres ver  la serie que ponen ese día…
  • Y, sobre todo, porque no tienes esa sensación, (que todos hemos tenido alguna vez cuando pasas muchas horas delante de la tele) de estoy perdiendo el tiempo, esto no me aporta nada, con todo lo que tenía yo que hacer hoy…
  • Puedes hacer otras muchas cosas, ser creativo, abrir un blog por ejemplo.

Educar sin televisión Cuando iba a nacer nuestra primera hija nos planteamos si sería bueno que tuviéramos una tele para ponerle videos y para que viera programas, por supuesto, educativos. Pero nos dimos cuenta de que si nosotros podíamos vivir sin ella, nuestros hijos con más razón porque no la conocían. Y   que hasta sería bueno para ellos porque este medio ya no es lo que era… A nuestra hija no le faltan los videos, los dibujos y la música, la ve en el ordenador y con el tiempo,   quizás pongamos una proyector en la pared del salón para que vea películas. Pero después de unos cuantos años viviendo y educando sin la caja tonta, podemos decir que estamos encantados y se lo recomendamos a todo el que quiera intentarlo. Alternativas a la televisión Cuando le dices a alguien que no te conoce que no tienes televisión, te mira raro y a continuación, los comentarios más frecuentes son:

  • No, si yo tampoco la veo apenas…
  • ¿Y cómo te informas?             
  • ¿Cómo entretienes a la niña?
  • ¿Qué haces por la noche después de cenar?

Se me ocurren muchas alternativas y muchas respuestas a estas preguntas, pero las más comunes son:

  • Para informarse también existen otros medios: radio, prensa escrita, internet…
  • Para “entretener” (yo prefiero “acompañar”) a mi hija: hay libros, música, dvds, juegos, pinturas, el parque…
  • Y después de cenar se me ocurren muchas cosas (algunas se pueden contar y otras no…je, je…). Entre las que se pueden contar: hablar con mi marido, escribir en mis dos blogs, leer, preparar proyectos, ver videos y periódicos en internet…

Os animamos a que lo probéis: no la echaréis de menos Son muchos los que se quejan de la tele o los que dicen no verla porque no tienen tiempo, pero pocos los que deciden prescindir de ella en sus vidas, aunque cada vez conocemos a más gente que vive como nosotros. Resumiendo, que hay vida más allá de la tele. Y que aunque a muchos les parezca imposible, se puede vivir y educar sin ella, ser normal y no echarla de menos ni un sólo día…  ¿Qué pensáis vosotros? ¿Tenéis televisión? ¿Os habéis planteado alguna vez prescindir de ella?

Extraído de: http://nuestromundodepadres.blogspot.com.es/2013/05/educar-y-vivir-sin-television-es-posible.HTML

Diez razones para no escolarizar a los 3 años:

Así como la mayoría de los países del mundo indican que la edad más apropiada para escolarizar a los niños es a partir de los 6 años de edad, existen 10 razones importantes por las cuales no es recomendable escolarizarlos antes de los 6 años (descritas por Lilith en Babyradical) :

  1. La edad en la que se considera que empieza la educación obligatoria son los 6 años, por lo que llevar al niño con solo tres a un colegio corresponde más a necesidades de los padres que del niño, habitualmente. Un niño de tres años con quien mejor está es con su madre o con el adulto de referencia que habitualmente esté con él. No es necesario iniciar su educación a edad tan temprana, por lo que no hay motivo para ello.
  2. El sistema inmunológico de un niño no suele estar plenamente desarrollado hasta los 5 o 6 años, por lo que exponerlo a virus, bacterias, etc, que llevan otros niños, a esa edad, es una forma de maltrato innecesario para su salud, puesto que no está preparado para tener que enfrentarse a ello todavía. Sobretodo si tenemos en cuenta, que emocionalmente tampoco está del todo maduro para separarse de su adulto de referencia, y su sistema inmune estará deprimido, con lo que el circuito de enfermedades puede ser continuo. Lo llevo al cole, se pone enfermo, lo dejo en casa varios días hasta que se repone, lo vuelvo a llevar al cole, se vuelve a poner enfermo, y vuelta a empezar…
  3. Se somete al niño a un estrés innecesario. A esas edades los cambios, y sobretodo la separación de su adulto de referencia (puede ser mamá o papá, o la abuela, o una cuidadora cariñosa que está siempre con el pequeño mientras mamá trabaja) provoca mucho estrés al pequeño, de forma que puede incluso afectarle en su desarrollo intelectual y psicomotor. Pueden desarrollar conductas propias de un niño más pequeño, en un intento de recuperar aquella fase segura en la que podía estar en casa, tranquilo y seguro. La vida ya conlleva estrés más adelante, con tres años no hace falta que pasen ya por esa experiencia. Al respecto os dejo el enlace a un estudio muy interesante:                                                                       http://www.ibt.unam.mx/computo/pdfs/libro_25_aniv/capitulo_06.pdf.  que me facilitó Zabdiel Torres, a quien le estoy muy agradecida por ello.
  4. Con tres años la mejor actividad, y la más saludable es jugar, jugar y jugar. En casa, saliendo al parque, a la playa, a visitar a familiares y amigos, y en un entorno cálido, afectivo, seguro y con materiales adecuados es donde el niño se podrá desarrollar de forma más natural, siguiendo sus necesidades y ritmo interno, y de forma más sana.
  5. El colegio tiende a etiquetar, limitar y acotar la creatividad, expresividad y espontaneidad de los niños, metiéndolos en un sistema cuadrado, más propio de una fábrica o de una cárcel que de lo que se supone debe ser el mundo infantil. ¿De verdad tienes prisa por que suceda esto?
  6. Teniendo en cuenta los horarios laborales a que se someten muchos trabajadores hoy en día, y lo difícil que es conciliar vida familiar y laboral, en muchos hogares la única forma de que un padre y un hijo se vean a diario es que el niño no tenga limitados sus horarios por la imposición de los mismos por parte de un colegio. Si el niño no va al colegio podrá acostarse más tarde porque podrá dormir hasta más tarde también. A esa edad es mucho más importante la relación que va forjando con sus padre que ir a coger virus al colegio.
  7. La socialización ideal de un niño de edad tan temprana es la que se ofrece a través del núcleo familiar, sin forzar, sin generar situaciones de agresividad, que desembocan en roles de víctima y de abusón, sin tener relaciones de sumisión con los adultos que impiden que la comunicación niño-adulto fluya de forma natural, y aprendiendo a ir a todas partes y tratar con gente de todas las edades. La socialización basada en la idea de que se tiene que estar solo entre iguales, pero además en un grupo limitado en el que apenas se puede elegir con quien se trata y con quien no, y que la figura del adulto sea una autoridad incuestionable, solo crea relaciones antinaturales, que parecen más propias de Alcatraz que de un espacio de ocio y pleno desarrollo para la infancia.
  8. En el hogar el estímulo es constante y de forma natural, el desarrollo y el aprendizaje están conectados con la vida. Es innecesario un ambiente artificial para propiciar el aprendizaje.
  9. En muchos colegios se utilizan métodos conductistas y sistemas de premio y de castigo desde el primer día. ¿Es esa la educación que deseas para tu hijo?
  10. En general el primer año de educación infantil tu hijo en un colegio no aprenderá nada que no supiera ya antes de entrar (contar hasta 10, nombrar varios colores, distinguir dentro y fuera, cerca y lejos, y cosas similares, reconocer un cuadrado, un triángulo, un rectángulo y un círculo, algunas cancioncitas populares que seguramente ya le cantas tú desde que nació, pegar trozitos de papel, hacer rayas, y cosas de ese estilo, que seguramente en casa ya hace como juego, y cuando quiere, y si no las hace no pasa nada, no las necesita a esta edad. Pero sí se asegurarán de que aprenda a hacer filas, a callarse, a tener temor de lo que digan otros (ya sea la maestra o algunos compañeros), y cosas por el estilo, que sinceramente ¿alguien tiene mucho interés en que su hijo con solo tres años aprenda a tragar y callarse? Yo no. Así que si lo que parece que podía aportar que es la parte académica es mínima y la tenemos suplida en casa, la social es mejor en familia que en ese entorno, y la de conducta no nos va a complacer y mejor que no tenga que aprender según qué a esa edad, ¿qué hacemos? Como me recordó Irene Zaleski, si no aporta y encima no es obligatorio…para qué?
 

 

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