El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


Deja un comentario

El corazón “partío”

Aquel corazón para el que Alejandro Sanz pedía tiritas (curitas), era sólo un corazón lastimado por un amor no correspondido, pero dista mucho de ser un corazón destrozado.

A nuestro corazón lo tenemos suficientemente protegido con varias capas de acolchado como son: la soberbia, la auto justificación, la experiencia propia, el auto control, la auto estima y otros. Entonces no es fácil que nuestro corazón sufra una bancarrota. Podemos hacernos las víctimas como en el caso de la canción de Alejandro Sanz cuando algo no sale como quisiéramos o los demás no responden a nuestras expectativas.

Pero un corazón que experimenta desesperación, desahucio, que cree a ciencia cierta que no hay solución ni salida posible a su existencia, una incapacidad total de solucionar por medios propios los problemas que le abruman, la persona que se siente como si nada en este mundo tuviera sentido, este sí es un corazón “partío”.

¿Cómo reacciona la gente ante un corazón destrozado?, generalmente con rechazo. Ni es popular ni consigue amistades. El egoísmo humano hace que nadie quiera cargar con la desgracia ajena. Incluso muchas personas con serios problemas  propios o con sus hijos, lo disimulan, ya que si sus compañeros de trabajo sospechan que están en angustia, automáticamente se alejarían.

Hay una persona interesada especialmente en estos corazones rotos. Jesucristo dijo: “…Me ha enviado (Dios) para vendar a los quebrantados de corazón”. (Isaías 61:1) Es Cristo quien sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas. Al contrario de el mundo, Jesús busca ese tipo de corazones y los que llegan a los pies de la Cruz así, Él los recibe. “…Al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”.(Salmos 51:17) “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu.”(Salmos 34:18) “Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos”. (Isaías 57:15) “Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra”. (Isaías 66:2)

También escucha a este tipo de corazón: “Porque El no ha despreciado ni aborrecido la aflicción del angustiado, ni le ha escondido su rostro; sino que cuando clamó al Señor, lo escuchó”.(Salmos 22:24) “Ha considerado la oración de los menesterosos, y no ha despreciado su plegaria”. (Salmos 102:17)

¿Cómo tienes tu corazón?, ¿lo has revestido con tu propia justicia o vendrás a Jesús para que te lo cambie? Él no hace reparaciones, sino que te lo cambiará por uno nuevo para que puedas tener comunión con Él y servirle. El que se humilla delante de Cristo y reconoce su incapacidad y quebranto total, el Señor le promete: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. (Ezequiel 36:26-27)

Gloria

Anuncios


Deja un comentario

Disfrutar de Dios

Estamos enseñando el catecismo de Westminster a nuestros hijos. Una de las primeras preguntas es: ¿para qué te creó Dios? y la respuesta es: “para darle la gloria a Él y gozar para siempre de Su presencia”. La primera parte de la respuesta siempre quedó resonando en mis oídos. “Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1ºCorintios 10:31) Pero hace poco empecé a meditar en la segunda parte, el gozar de Su presencia para siempre. Me pareció algo tan elevado y tan deleitoso que experimenté un grato escalofrío. La idea de ser consciente de la presencia de Dios para tener una vida santa, ya me era conocida. Algo así como saber que Dios está mirando continuamente mis actos y sabiendo Omnisciente lo profundo de mis pensamientos. Pero ser consciente y sensible a Su presencia para disfrutar de comunión continua con Él, me sorprendió.

Esta comunión era la que tenía David con Dios. Esta relación íntima basada en el conocimiento pleno del pecado y la incapacidad de David y la suficiencia y perfección de Dios, producía en David el temor reverente al pedir: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu. Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poderEntonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti”. (Salmos 51:10-12) No en vano se le llamó: “el dulce cantor de Israel” al escribir Salmos deleitándose en su Señor, alabando y diseñando instrumentos y coros para la alabanza comunitaria en el templo. Vemos, como dice el versículo, que David no quería corazón y espíritu renovados para sí mismo, sino para predicar el Nombre de su Dios.

La necesidad (que a veces se traduce por pasión, hambre o asombro) por conocer al Señor no viene de nosotros, sino que es una obra de Dios en nuestras vidas. Y el resultado natural o fruto que Él mismo va a darnos, es reflejar Su imagen y honrar Su nombre. En la oración modelo, el “Padre nuestro”, la primera petición, luego de reconocer la paternidad y la soberanía de Dios, es: “santificado sea Tu nombre”. Significa poner en alto Su nombre, Su carácter y autoridad. Es lo que anhela nuestro ser cuando reconocemos que hemos sido salvados de la muerte por Cristo. La adoración y agradecimiento que surge de un corazón que se sabe pecador y que ha sido perdonado, seguidamente se traduce por proclamación a los demás de esta posibilidad maravillosa de salvación por medio de Jesucristo. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:12)

Cuando recibimos el perdón por la sangre vicaria de Cristo en la cruz, Dios nos concede Su Espíritu, y así podemos empezar a gozar de una unión que será eterna. Ser consciente de esto es demasiado grande para una mente tan limitada como la nuestra…Pero aunque no lo acabemos de entender del todo, podemos al igual que David, disfrutar de la comunión diaria e íntima con Él mediante la Palabra de Dios y la oración y sólo así podremos alabarle como dice David: Alabaré al Señor mientras yo viva; cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista”. (Salmos 146:2)

Gloria

 


Deja un comentario

Lady Jane Grey: Una preciosa hija de la Reforma

La Reforma Protestante de 1517 no se trató solo de Lutero, Calvino, y Zuinglio. Durante este tiempo y en los años por venir, Dios también iluminó, avivó, transformó, y utilizó miles de cristianos en cuyos hombros también se levanta la iglesia cristiana de hoy. Lady Jane Grey fue una de estas preciosas hijas de la Reforma: mujer, adolescente, reformadora, realeza, la efímera segunda reina de Inglaterra, de carácter, y con la más alta estima por la Palabra de Dios.

Hacia los últimos años del reinado del joven Edward VI de Inglaterra, el duque de Northumberland —quien manejaba su reinado—, temiendo perder el poder, organizó una conspiración para evitar el ascenso de Mary Tudor (heredera de Henry VIII, rey de Inglaterra antes de Edward VI), y asegurar la corona para su hijo y su esposa, Lady Jane Grey.

El complot falló cuando Mary Tudor convenció a Inglaterra de que ella era la heredera. Nueve días después de su coronación, Jane fue encarcelada por el delito de engaño, y Mary Tudor fue coronada. Durante su tiempo en la cárcel, Jane, de 16 años, dialogó con John Feckenham, uno de los líderes de la iglesia contratado por la nueva reina para «preparar» a Jane para su muerte. Cuatro días después Lady Jane Grey fue decapitada.

Sigue leyendo


Deja un comentario

El rocío vivificante

“Y su favor como el rocío sobre la hierba.” Proverbios 19:12b  David en sus últimas palabras profetizó de Cristo:

“El Dios de Israel ha dicho,
Me habló la Roca de Israel:
Habrá un justo que gobierne entre los hombres,
Que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana,
Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.” (2º Samuel 23:3 – 4)

“Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano.” (Oseas 14:5) La escritura está llena de figuras del Señor como el agua viva, único elemento capaz de nutrir la tierra seca y hacer brotar la planta que a su vez se ramificará o multiplicará. “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Isaías 55: 10-11)

“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:13-14) El Señor es el que me alimenta y nutre mi vida de agua cristalina. Sólo la Palabra de Dios puede hacer germinar fe en el corazón del hombre.

Así como el cuerpo del hombre no puede vivir si agua, su alma está muerta sin Cristo. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)” (Efesios 2:4-5) Una vez que recibimos la vida verdadera a traves de la obra de Cristo en la Cruz, cada día nos llega el rocío vivificante de Su palabra. 

Gloria