El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…

“Y el mar ya no exitía más…”

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Como crecí en una ciudad sin mar, este siempre me llamó la atención, más como paisaje que como deporte o actividad. Cuando me mudé a España, vine a vivir a Barcelona (España tiene el privilegio de estar rodeada de mares preciosos) y no podía viajar en tren sin dejar de contemplar la vasta masa de agua con verdadero arrobamiento. Incluso al principio, mi marido es testigo que no dejaba de exclamar al mirarlo: ¡Qué hermoso, qué hermoso!

Cuando leí en Apocalipsis la visión del Apóstol Juan, que veía cielos y tierras nuevas… y el mar ya no existía más (Apocalipsis 21:1) me impresionó mucho, casi me dio tristeza el hecho de que algo que a mí me parecía tan bonito, en el futuro dejara de existir. Pero con el tiempo cambié la idea romántica que tenía, por una muy diferente y bien conocida por los marinos y gente que a diario tiene que lidiar con el mar.

El mar es inestable e impetuoso. Impredecible y traicionero, peligroso y tan vasto que ningún ser humano puede jactarse de controlarlo o contenerlo. Sólo Jesús, su creador puede con sólo una palabra, mandar al mar que se aquiete, y este obedece. Con razón el marinero agradece cuando apoya su pie en tierra luego de una larga jornada plagada de riesgos en el mar. Con razón se valora el ancla, seguridad de la nave ante el vaivén de las olas.

Al conocer las características del mar y contrastarlas con el carácter de Dios, me di cuenta el porqué el mar ya no existirá más. Al contrario del mar y de todo en este mundo que cambia, que peligra, que es inestable, Dios no cambia y no puede haber nada inseguro en Su presencia. Dios dijo: “Porque Yo, el Señor, no cambio…” (Malaquías 3:6a) Porque Él es el: “Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:17b)

“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no se acabarán.” (Salmos 102:25-27)

 “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” (Hebreos 13:8)

¡Qué seguridad, tranquilidad y firmeza me da el saber que aunque todo a mi alrededor cambie a un ritmo vertiginoso, mi Señor es firme como una Roca inconmovible! ¡Qué esperanza preciosa pensar que a pesar de que este cuerpo vaya envejeciendo, las arrugas y canas aparezcan, el Señor me dará un cuerpo nuevo que no cambiará jamás!

La próxima vez que vea el mar, me gustará, claro, es una hermosa creación de Dios, pero me alegrará el pensar que cuando estemos con Él, ya no existirá ni un ápice de inestabilidad…

Gloria

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Autor: elpandelperegrino

Me gusta la imagen del peregrino, porque significa estar de paso... A pesar de tener dos nacionalidades, mi ciudadanía verdadera no está en este mundo. En mi caminar diario, me alimento del Pan que nunca se caduca, el Pan para Vida eterna. "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Juan 6:35)

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