El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…

Incapacidad total

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INCAPACIDAD TOTAL

El Apóstol Pablo tenía una lucha que expresaba claramente: Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. !Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7: 19-24)

¿Por qué el hombre, a pesar de que sabe que el mal le arrastra al desastre, sigue haciendo mal a su prójimo y a sí mismo? La respuesta es: Porque es incapaz de hacer el bien, porque su naturaleza caída le empuja a ello. Como está escrito: “No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:9b-12).

C.S. Lewis en su libro: “El problema del dolor” dice:

“El pecado ha sido calificado por San Agustín como fruto del orgullo: “Movimiento por el que la criatura, es decir, un ser totalmente dependiente, cuya existencia no proviene de sí mismo, sino de otro, intenta asentarse sobre sí mismo, existir por sí mismo.” Un pecado así no necesita complejas condiciones sociales, gran experiencia o un profundo desarrollo intelectual. Desde el momento que la criatura conoce a Dios como Dios y a sí mismo como “yo”, se le abre la terrible alternativa de elegir como centro a Dios o al “yo”. Este pecado es cometido diariamente tanto por niños y campesinos ignorantes como por personas refinadas; por los solitarios no menos por quienes viven en sociedad. En cada vida individual, en cada día de cada vida individual, la caída es el pecado fundamental tras el que se esconden todos los demás pecados. Usted y yo lo estamos cometiendo en este mismo momento, estamos a punto de cometerlo o arrepintiéndonos de haberlo cometido.”

Cuando uno reconoce la incapacidad total por nuestro medios de hacer o decir el bien, de agradar a un Dios Santo y Justo, es cuando expresamos como Pablo: ¡Miserable de mí!, sólo nos queda llorar amargamente por nuestra maldad que nos incapacita total y absolutamente. Una vez que reconocemos nuestra situación ante Dios, imploraremos el perdón con la cabeza gacha y la mano extendida como el mendigo, cuya hambre y necesidad de Justicia elimina todo orgullo y vanidad. Sólo en ese momento vendrá la consolación para nuestro lloro y la saciedad para nuestro hambre. La salida a nuestra incapacidad vino de parte de Dios, enviando a su Hijo: Jesucristo, para reconciliarnos de nuevo con Él. Dios dio el medio de salvación y nos da también la fe para creerla y recibirla, para que toda la gloria sea enteramente de Él.

“Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:1-10)

Mientras no reconozcas tu incapacitad total, seguirás viviendo una vida sin propósito, una vida para lo cual no fuiste creado ni diseñado. Recibe el Señorío de Cristo en tu vida y vuelve a la casa del Padre.

Gloria

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Autor: elpandelperegrino

Me gusta la imagen del peregrino, porque significa estar de paso... A pesar de tener dos nacionalidades, mi ciudadanía verdadera no está en este mundo. En mi caminar diario, me alimento del Pan que nunca se caduca, el Pan para Vida eterna. "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Juan 6:35)

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