El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…

Nabucodonosor, el rey de Babilonia

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BabiloniaLa ciudad de Babilonia fue en su día, la ciudad más avanzada en política, cultura y religión del mundo conocido. Sus ciudades amuralladas tenían la arquitectura más sofisticada, sus sistemas de sembrado y regadío aprovechando los ríos circundantes, la hacían rica y majestuosa al lucir sus “jardines colgantes”, famosos hasta nuestros días.

El poderío militar permitía que dominaran cada rincón del mundo conocido y tras sus campañas, traían de botín no sólo riquezas, sino a lo mejor de la cultura de cada pueblo (príncipes, artesanos, orfebres y otros especialistas). Esto hizo que, utilizando la escritura cuneiforme, aumentaran los conocimientos en todas las ciencias y las artes, enriquecidas por el aporte de las naciones tributarias.

Babilonia representaba todo lo selecto del mundo y sobre este gran imperio estaba su Rey: Nabucodonosor. Entre los pueblos subyugados por los Babilónicos, estaba el pueblo de Israel. Entre los príncipes que fueron llevados a la corte estaban Daniel y sus tres amigos.

 A estos cuatro nobles judíos de entre 15 y 17 años, la llegada a la corte del Rey tiene que haberles impactado. Pero la Biblia relata que no se dejaron apabullar por la fastuosidad ni la suntuosidad de su riqueza y mundanalidad, ya que apenas llegados, tomaron una decisión audaz y arriesgada: No participar de la comida que el Rey había ordenado que comieran. Los Hebreos servían a Dios, y la comida y vino que les servirían eran dedicados a sus dioses. Así que aunque estaban en posición de servidumbre, con mucha educación y valentía (podría haberles costado la vida), rehusaron comer de la ración de comida y bebida del Rey Nabucodonosor. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.”(Daniel 1:8) 

Dios premió la obediencia de Daniel concediéndole que pudiera decir e interpretar un sueño que tuvo Nabucodonosor, y que ninguno de los “sabios” del reino pudieron descifrar. “El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.” (Daniel 2:47)

En otra oportunidad, el Rey erigió una estatua de oro con su imagen y mandó que todos la adorasen y se postrasen ante ella. Como los tres amigos de Daniel no quisieron adorar a la imagen ni postrarse por ser fieles a Dios, los condenaron a morir en un horno de fuego. Pero Dios premió su obediencia salvándolos, y salieron sin si quiera olor a humo en sus vestimentas, cosa que no pasó desapercibida para Nabucodonosor. “Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.”(Daniel 3:28)

En los dos ejemplos anteriores vemos que el Rey vio claramente dos milagros obrados por Dios e incluso lo reconoció en sus propias palabras. Pero Nabucodonosor seguía teniendo su poder, riquezas y gloria intactas. No se volvió de corazón al Dios de Israel, sino sólo admiró sus señales.

Esto me hace pensar en que todos hemos visto lo que Dios ha hecho ante nuestros ojos: maravillas como la creación: mares majestuosos, variedad infinita de colores, de cielos, de flores, de animales. Un despliegue de poderío celestial en la creación del mundo . También hemos visto la perfección del cuerpo humano, con sus sistemas de coagulación, de oxigenación, de cicatrización y un largo etcétera. Pero al igual que Nabucodonosor, observamos lo que nos rodea, nos quedamos con las señales obradas por el Señor pero no dejamos de ser los señores de nuestras vidas.

Llegó un momento en el que Dios se le reveló a Nabucodonosor a través de un sueño, en el que le dijo que su reino le sería quitado. Y Daniel, que se lo interpretó le dijo: “Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad”(Daniel 4:27) Pero desoyendo su advertencia, siguió regodeándose en su soberbia, dándose la gloria a sí mismo y no reconociendo que todo lo que era y tenía le era dado por Dios. “Habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Daniel 4.30)

Esto es lo que todo ser humano hace: aunque vea que Dios le creó, le da vida y muchos beneficios cada día (el sol, la respiración, poder ver, poder comer, etc.), sólo se da la gloria a sí mismo, pensando que por propios méritos tiene todo lo que le rodea.

Sólo cuando Nabucodonosor se vio humillado, levantó los ojos al cielo y reconoció quién era el Señor. “En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves. “Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?(Daniel 4:33-35)

Te hago la misma advertencia que Daniel le hizo al rey Nabucodonosor: Arrepiéntete y confiesa tus pecados, y recibe la Justicia que Dios te quiere dar a través de Cristo. Deja la soberbia de pensar que tu eres bueno y que eres el dueño y señor de tu vida, de tomar tus decisiones según tu criterio y recibe su Señorío y encontrarás el sentido y el propósito que tiene tu vida. Éstas fueron las palabras del gran rey Nabucodonosor:

“Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.”(Daniel 4:37) 

Gloria

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Autor: elpandelperegrino

Me gusta la imagen del peregrino, porque significa estar de paso... A pesar de tener dos nacionalidades, mi ciudadanía verdadera no está en este mundo. En mi caminar diario, me alimento del Pan que nunca se caduca, el Pan para Vida eterna. "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Juan 6:35)

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