El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…

¿Por qué nos cuesta tanto esperar?

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¿Por qué nos cuesta tanto esperar?Estos días he estado reflexionando mucho sobre: “esperar”. Será porque a diario veo salas de espera y pacientes (irónica palabra, porque muchas veces no hacen honor a su nombre…). ¿Por qué cuesta tanto trabajo esperar?. Porque merezco ser atendida, y/o respondida, antes. Porque tengo derecho a que me den pronto lo que me corresponde. Porque mis necesidades han de ser satisfechas y recompensadas. Porque mis reclamaciones deben ser escuchadas y resueltas. Estamos en un mundo de soluciones “rápidas”, donde la ansiedad domina en todos los órdenes. El no saber (o querer) esperar, nos lleva a tomar malas decisiones, a la crispación o a la desesperanza. ¿Por qué no queremos esperar?

Hay muchas respuestas, pero una única razón de base: el orgullo. En el fondo, pensamos que somos el centro del universo y eso se debe a nuestra naturaleza caída (Génesis 3) En los niños se ve clara y tempranamente: ¡no quieren esperar!, exigen y reclaman. El esperar supone una disciplina y un ejercicio de paciencia, confianza y generosidad, (cuatro cosas que, siendo atributos de Dios, los hombres carecemos).

De todo esto se deduce que la espera no es algo agradable. El que no tiene trabajo, lo quiere ya. Al que le falta salud, desea mejorarse rápido. El que está en problemas económicos espera una solución a corto plazo… sólo son unos pocos ejemplos.

La pregunta correcta es: ¿En quién pones tu confianza?, ¿En quién esperas?. Ni la economía, ni la política, ni filosofías, ni ningún ser humano te resolverá los problemas, porque “el problema” (el pecado) lo tienes dentro de tu corazón. El único que puede hacer más llevadera la espera en cualquier sentido es Cristo. El mejor “antídoto” contra la soberbia y el orgullo, pecado original de todo hombre es Jesucristo. Él murió en la Cruz, para salvarnos de nosotros mismos y de la condenación de estar alejados por siempre de Dios. Si  le recibimos como el Señor de nuestra vida, y crucificamos nuestro “Yo” cada día, la espera de aquello que anhela tu alma o que te está preocupando, pasará a segundo plano. El deseo de servirle y agradarle hará que Él tome las riendas de tu vida, con todo lo que esto trae aparejado.

 Miqueas, fue un profeta del Antiguo testamento, que tenía muchos problemas, pero dijo:

“Yo, por mi parte, pondré la mirada en el Señor, y esperaré en el Dios de mi salvación. ¡Mi Dios habrá de escucharme!” (Miqueas 7:7)

“Pero la salvación de los justos es del Señor y Él es su fortaleza en el tiempo de angustia.  El Señor los ayudará y los librará; los libertará de los impíos y los salvará, por cuanto en Él esperaron” (Salmos 37:39-40)

Gloria

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Autor: elpandelperegrino

Me gusta la imagen del peregrino, porque significa estar de paso... A pesar de tener dos nacionalidades, mi ciudadanía verdadera no está en este mundo. En mi caminar diario, me alimento del Pan que nunca se caduca, el Pan para Vida eterna. "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Juan 6:35)

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