El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…

La muerte de uno mismo

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Estoy leyendo el libro “El problema del dolor” de C.S. Lewis, y en el capítulo seis, “El dolor humano” comenta cuál es realmente la fuente de dolor. Me han llamado la atención varias cosas, y quiero compartirlas transcribiéndolas.

“Comoquiera que la vida en Cristo es de las más amargas en todos los aspectos para la naturaleza y la individualidad del Yo ( pues la verdadera vida en Cristo exige que la individualidad, el Yo, y la naturaleza sean abandonados, se pierdan y mueran completamente), la naturaleza de cada uno de nosotros tiene horror a todo ello.”
Theología Germánica XX

Después de este párrafo excelente que resume el contenido del capítulo, Lewis expone  que el dolor en el ser humano, comenzó con la misma rebelión del Edén, antes de la cual, la criatura mediante un acto de obediencia alegre y gozoso, ofrecía la voluntad a su Creador.  A partir de la caída, el hombre se ha resistido a doblegar su voluntad, lo que se evidencia desde el mismo momento del nacimiento.

“Rendir la propia voluntad inflamada e hinchada durante años de usurpación es, sin embargo, una especie de muerte. Todos recordamos la voluntad volcada hacia el propio “yo” tal como era de la infancia. En esa temprana edad se presentaba como amarga y prolongada rabia contra los obstáculos, como explosión colérica de lágrimas,como aciago y satánico deseo de matar o morir antes que ceder.  Las niñeras y los padres de otros tiempos tenían bastante razón al pensar que el primer paso de la educación era: “quebrar la voluntad del niño”. Los métodos podían ser equivocados, pero no ver su necesidad significa, a mi juicio, quedar impedido para entender las leyes espirituales. Y si ahora que somos adultos no aullamos ni pataleamos se debe, por un lado a que nuestros mayores comenzaron en la guardería el proceso de quebrar o sofocar la voluntad volcada hacia el propio “yo”, y de otro, a que las mismas pasiones adoptan actualmente formas más sutiles y han adquirido gran habilidad en evitar la muerte por medio de diversas “compensaciones”.

De ahí la necesidad de morir diariamente. Aun cuando con frecuencia creamos haber amansado al rebelde “yo”, seguiremos encontrándolo vivo. Este proceso no es posible sin dolor, como atestigua suficientemente la misma historia de la palabra “mortificación”. Sin embargo, el dolor intrínseco a la mortificación de “yo” usurpado, (que también se puede llamar muerte) no lo es todo.

El espíritu humano no intentará siquiera someter la voluntad volcada  al “yo” mientras las cosas parezcan irle bien. El error y el pecado tienen la propiedad de que, cuanto más grave son, menos sospecha la víctima que existen, son males enmascarados. El dolor, en cambio, es un mal desenmascarado e inconfundible. Todos sabemos que algo va mal cuando sentimos dolor, ese dolor reclama insistentemente nuestra atención. Dios grita mediante el dolor: es su megáfono para despertar a un mundo de sordos.”

La muerte de uno mismoEl hecho de que a la mayoría, Cristo les encuentre en medio de una gran aflicción, es la prueba contra la soberbia y el orgullo humanos, confirmado por las bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, (los que se ven a sí mismos como mendigos, postrados, incapaces e indignos), bienaventurados los que lloran (lloran por su miseria espiritual, por su pecado y por haber ofendido al Dios Santo, al Creador), bienaventurados los mansos (los obedientes, los que matan su propia voluntad para vivir para Dios), bienaventurados los que tiene hambre y sed de Justicia (los que se ven necesitados de ayuda, hambrientos y sedientos espiritualmente, ciegos y desnudos).Mateo 5:3-7

Por último, el ejemplo perfecto de nuestro Señor Jesucristo, las palabras que pronunció antes de entregar su vida y morir para darnos vida.  “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardara.” Juan 12:25-26 

Gloria

 

 

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Autor: elpandelperegrino

Me gusta la imagen del peregrino, porque significa estar de paso... A pesar de tener dos nacionalidades, mi ciudadanía verdadera no está en este mundo. En mi caminar diario, me alimento del Pan que nunca se caduca, el Pan para Vida eterna. "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." (Juan 6:35)

Un pensamiento en “La muerte de uno mismo

  1. MUY BUENO! EL APÓSTOL PABLO DIJO: “YA NO VIVO YO, MAS CRISTO VIVI EN MÍ”

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