El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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Personas como regalos

Siempre que pensamos en regalos pensamos en objetos. Pero también las personas pueden ser regalos. Dios a muchos nos ha dado un cónyuge, que es ayuda y el complemento perfecto para nuestras vidas. También Dios a muchos nos ha dado hijos, regalos preciosos que nos alegran la existencia como también nos desafían en su cuidado y educación. Regalos también son nuestros padres, aquellas personas que Dios usó de instrumentos para que podamos ser lo que ahora somos. Hermanos de sangre con los que compartimos alegrías, juegos y castigos, esas personas que nos enseñaron a “compartir”, primer freno de nuestro innato egoísmo. A los cristianos, el Señor nos regaló hermanos en la fe, con los que podemos tener incluso más unión que con los lazos de sangre, con los que compartimos el peregrinar en esta tierra, nos alegramos con las oraciones contestadas y alegrías y nos entristece verles pasar por el fuego de la prueba.

Pero hay personas dentro de la Iglesia que el Señor nos regaló, para que crezcamos todos juntos en el conocimiento de Él. Son los Pastores y maestros y los evangelistas. ¡No sé si apreciamos correctamente estos regalos! Hubo una persona que nos habló por primera vez del Evangelio, de la salvación de nuestra alma pecadora a traves de la sangre de Cristo. Fue un hermano, que trajo el mensaje precioso, las buenas noticias  de salvación a nuestra vida, un evangelista. Y también cada domingo, sábados y muchos otros días, los pastores y maestros dedican su tiempo, esfuerzo, en definitiva, su vida, a alimentarnos con la Palabra de Dios, a guiarnos con consejos invaluables, y a llamarnos la atención cuando nos desviamos del Camino de Cristo. ¡Es una tarea ardua y de mucha responsabilidad!, tanta, que darán cuentas a Dios directamente de cómo hayan efectuado esa obra.

El Pastor por excelencia es Jesucristo, quien dió su vida para salvar a sus ovejas.  “Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.” (Juan 10: 11, 14 y 15)

Pero Cristo nos ha dejado personas como regalos que nos instruyen y nos ayudan , por medio de la Palabra de Dios, la Bilblia, a ser más como Él.  Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.” (Efesios 4: 11 al 15)

Reconozcámosle con agradecimiento y sujeción a estos regalos de Dios, como nos anima Pablo:Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan;  y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. ” (1 Tesalonicenses 5:12 y 13)

Gloria

P/D: Si quieres escuchar el mensaje completo sobre estos regalos picha aquí.

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Gratuitamente

“El que quiere, tome del agua de la vida gratuitamente”  Apocalipsis 22:17b
Jesús dice: “Tome de balde”. Él no quiere pago alguno o preparación previa. Él no busca la recomendación de nuestras virtuosas emociones. Si no tienes buenos sentimientos, si únicamente puedes desear, estás invitado. ¡Ven, entonces! Tú no tienes fe ni arrepentimiento; ven a Él, y Él te los dará. Ven tal cual estás y toma de balde, sin dinero y sin precio. “A todos los sedientos: Venid á las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.” Isaías 55:1
Jesús se da a sí mismo a los necesitados. Las fuentes de agua que las autoridades hicieron colocar en las plazas para los que sientan sed, son de mucho valor. Apenas podríamos imaginar que hubiese uno tan necio que al sentir sed se palpase los bolsillos y dijese frente a uno de esos grifos: “No puedo beber, pues no tengo dinero”. Por más pobre que sea, allí tiene a su disposición el pico para beber libremente. Los sedientos transeúntes, al pasar por la fuente de agua, no tienen que presentar autorización alguna para beber, ya vistan delicados o rústicos vestidos. El hecho de estar allí es suficiente para que puedan beber. Quizás las únicas personas que necesitan cruzar la plaza sin beber son las personas de la aristocracia. Tienen sed, pero no quieren mostrarse vulgares bebiendo de esos bebederos. Piensan que se rebajarían si bebieran del pico de donde beben todos; de modo que se van con los labios abrasados.

¡Cuántos hay que son ricos en sus propias buenas obras y por lo mismo no pueden venir a Cristo! “Yo no seré salvo -dicen ellos- en el mismo modo en que lo es la ramera o el blasfemo. ¡Qué, ir al cielo en la misma forma en que va un limpia zapatos! ¿No hay otro camino que lleve a la gloria sino el que llevó allí al ladrón? Yo no seré salvo en esa manera”. Estos jactanciosos tienen que quedarse sin el agua viva, pero el que quiere, tome del agua de la vida gratuitamente.

C.H. Spurgeon


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Cada día en la mesa del Rey

 

El rey David tenía un amigo del alma en su juventud que se llamaba Jonatán. Entre los votos de amistad que hicieron en vida, se prometieron fidelidad, protejerse y velar por sus descendientes si alguno de ellos faltaba. Cuando murió su amigo, sufrió un duelo muy duro, y ya estando en eminencia, habiendo alcanzado el trono, prosperidad y fama, mandó a preguntar si aún quedaba vivo algún pariente de su gran amigo Jonatán, para favorecerle.

Quedaba uno: un hombre lisiado de ambas piernas que se llamaba Mefi-Boset. Rápidamente David lo mandó llamar, porque el tullido no vivía en Jerusalén, y mandó que desde ahí en adelante comiera cada día a su mesa Real. Mefi-Boset con su deformidad no era un adorno muy agraciado en la mesa del Rey, pero David que amaba a Jonatán, se gozaba de ver su rostro cada día y adivinar en sus facciones, las de su querido amigo. “Y Mefiboset, quien estaba lisiado de ambos pies, vivía en Jerusalén y comía a la mesa del rey.”  (2 Samuel 9:13)

Esta historia refleja muy bien lo que Dios ha hecho con nosotros, pobres y lisiados, cuando por amor a Cristo, nos sienta a Su mesa regia cada día, sin importar nuestra condición, porque en cada uno de nosotros ve el rostro de su bien amado hijo Jesucristo.

El rey David entendió esto cuando escribió: “Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos”. (Salmos 23:5) Es bueno no olvidar nunca de dónde nos sacó el Señor, lo lejos que estábamos de su presencia y la imposibilidad de llegar a Él por nuestros propios medios, (como Mefi-Boset)

“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.” (Efesios 2:13)

Gloria