El Pan del peregrino

El alimento para vida eterna…


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Qué Hacer En Un Tumultuoso 2019 Por Eric Davis Ya lo puedes sentir. Este año que viene será un poco ruidoso, otra vez. La depravación no avanzó en 2018. Y, según mi Biblia, no lo hará este año, ni ningún año hasta la gloria. El año pasado terminó con una explosión hamartiológica. Entre otras cosas, […]

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Emanuel: Dios con nosotros

“Porque de su plenitud tomamos todos”

(Juan 1:16)

Estas palabras nos dicen que en Cristo hay plenitud.

Hay una plenitud de esencial deidad, porque “en Él habita toda la plenitud de la deidad”.

Hay una plenitud de humanidad, pues en Él, corporalmente, aquella deidad se reveló.

Hay en su sangre una plenitud de eficacia expiatoria, porque “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.

Hay en su vida una plenitud de justicia que justifica, pues “ahora ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.

Hay en su ruego una plenitud de divina superioridad, pues “él puede salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.

Hay en su muerte una plenitud de victoria, pues por la muerte destruyó al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo.

Hay en su resurrección una plenitud de eficacia, pues por ella el Señor nos ha regenerado en esperanza viva.

Hay en su ascensión una plenitud de triunfo, porque “subiendo a lo Alto, llevó cautiva la cautividad y dió dones a los hombres”.

Hay en verdad una plenitud de bendiciones de toda suerte. Una plenitud de gracia para perdonar, de gracia para preservar, de gracia para perfeccionar. Hay una plenitud para todas las ocasiones: una plenitud de consuelo en la aflicción, una plenitud de dirección en la prosperidad. Una plenitud de todos los atributos divinos: de la sabiduría, del poder, del amor. Una plenitud que es imposible valorar y mucho menos explorar. “Agradó al Padre que habitase en él toda plenitud”. ¡Oh, qué plenitud será ésta de la cual todos reciben! Allí tiene que haber, en verdad, plenitud, pues, a pesar de que la corriente siempre fluye, el manantial crece tan abundante, tan rico y tan completo como siempre. Ven, creyente, satisface todas tus necesidades; pide abundantemente y recibirás con abundancia, pues esta plenitud es inagotable y está guardada donde todas las necesidades pueden alcanzarla, es decir, en Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros.

Charles H. Spurgeon. Lecturas Matutinas.


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Aceptos en Él

Ningún sacrificio que podamos hacer, (sea de buenas obras, altruismo o valentía), puede agradar a Dios. Dios es santo y el ser humano está contaminado por el pecado. Por definición la humanidad es mala y por sí misma no puede cambiar esta situación. “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” Romanos 3:23 La idea es que la humanidad no está enferma sino muerta.
Cristo, en cambio es santo. Él es agradable delante de Dios, estuvo unido a Él por toda la eternidad. Cuando Cristo vino a este mundo, vino voluntariamente y con el firme propósito de agradar y obedecer al Padre. Él se ofreció para satisfacer la ira del Padre por el pecado del hombre. En la cruz, estaba presentando como sacerdote santo la ofrenda de sí mismo, que era agradable al Padre. El Padre se complace en su Hijo y recibe ese sacrificio de olor grato a Él.

Los que reciben la obra de Cristo están siendo aceptos en Él. “La sangre de Jesucristo su hijo nos limpia de todo pecado” 1º Juan 1:7. Su sacrificio fue vicario y expiatorio, es decir, nos sustituyó y pagó nuestra deuda. Este concepto teológico doctrinal es tan importante porque: “La paga del pecado es la muerte” Romanos 6:23  Si no recibimos Su muerte, la del único hombre perfecto y sin pecado, será la muerte eterna de cada uno de nosotros. Si alguna persona quiere presentarse delante de Dios sin la cubierta de la sangre expiatoria de Cristo no va a ser aceptada. Esto choca frontalmente con la soberbia y orgullo humano, quien piensa que tiene “algo” bueno que ofrecer, algún mérito por el que “atenuar” las consecuencias de su propio pecado.

Cuando oramos, Dios está recibiendo esa plegaria “en” Cristo. Cuando hablamos a otros de Cristo, verdaderamente alabamos a Dios. “Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”. Hebreos 13:15 Cuando vayamos a Su presencia, Dios nos verá rociados y cubiertos por la sangre de ese Cordero acepto y entonces nos dará entrada a Su eterna gloria. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. Juan 3:36

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”. Efesios 1:3-7

Gloria


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La vida resuelta

Muchas veces he oído este tipo de conversaciones: “- Se casó con fulano de tal…tiene la vida resuelta.” “-El que gane la lotería este año tiene la vida resuelta.” “- Con la carrera que hizo, tiene la vida resuelta.” ¿Qué es la vida resuelta? Los matrimonios se rompen, los ladrones roban y los trabajos prometedores de hoy, pueden ser fracasos mañana.

De última, cómo podría ser nuestra vida resuelta, si no sabemos hasta cuándo dura. Hoy hacemos planes y mañana podrían estar enterrándonos. ¿Te parece esto tétrico?, es la realidad.

Dice el Salmo 49: ¿Por qué habré de temer en los días aciagos, cuando la maldad de mis opresores me rodea, cuando los que confían en sus riquezas se jactan de sus muchas posesiones? ¡Ninguno de ellos puede salvar a su hermano, ni dar nada a Dios a cambio de su vida! El rescate de una vida tiene un alto precio, y ningún dinero será jamás suficiente para que siga con vida para siempre y nunca llegue a experimentar la muerte. Es evidente que hasta los sabios mueren; que los necios e insensatos perecen por igual, y que a otros les dejan sus riquezas.  Algunos piensan que sus casas serán eternas, y que las habitarán por todas las generaciones, y hasta dan su nombre a las tierras que poseen. Aunque ricos, los mortales no permanecen; lo mismo que las bestias, un día perecen.

Estas sabias palabras expresan la insensatez de confiar en las riquezas, y que todos los hombres somos iguales ante Dios, “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23) La muerte es nuestro común denominador. “Porque la paga del pecado es la muerte.”

Pero la buena noticia es que sí hay un modo de tener “la vida resuelta”, no sólo en el presente sino por toda la eternidad. El único que puede resolver la vida de una persona es Cristo. “La paga del pecado es la muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro”(Romanos 6:23) “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo el que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna“(Juan 3:16)

Dios quiere darte esa vida de verdad, tal vez por eso las cosas no te van bien. Muchas veces, diría, la mayoría, Dios utiliza el dolor y la angustia para “abrirte” los oídos y los ojos. Has de ser consciente de tu situación, como caído, pecador y recibir el regalo de vida que logró Cristo en la cruz. No hay otra manera que tu vida tenga sentido.

“Dijo Jesús: Yo soy el camino y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6)

Gloria